DANIEL DOMÍNGUEZ | SANTIAGO
En la vida de un político existen momentos que marcan una trayectoria o al menos simbolizan un legado. Feijóo tomó una decisión en los segundos finales de su intervención, que concluía con la lectura de un párrafo del Alba de Groria, el discurso pronunciado por Castelao con motivo del Día de Galicia en 1948 desde el exilio de Buenos Aires. Lo tenía escrito en gallego. Bebió un trago de agua y miró fijamente hacia los escaños del BNG. Luego tradujo a uno de los símbolos de las letras gallegas y de la defensa de su cultura durante la longa noite de pedra de la dictadura. Encendió una mecha y el idioma se convirtió en un abismo insalvable entre Gobierno y oposición.
Los diputados no recuerdan precedentes de un presidente de la Xunta castellanizando las palabras de Castelao como unas semanas antes su conselleiro de Cultura había hecho con Sobrado dos Monxes bautizándolo Desván de los Monjes, motivo de escarnio durante toda la sesión.
Su gesto fue entendido como un ataque que permitió al nacionalista Carlos Aymerich no sólo demostrar cintura replicando, sino recordar palabras del propio Castelao. "Debuxei sempre en galego; escribín sempre en galego; e se tirades o que hai de galego e de humano na miña obra non ficaría nada dela", le espetó. Desde entonces, las referencias al idioma se convirtieron en púas contra el rival.
La explicación de Feijóo se convirtió en una gota de nitroglicerina lanzada a los escaños rivales. El presidente argumentó que simplemente había leído una traducción realizada por Eduardo Blanco Amor. "Por cierto, nació en Ourense y murió en Vigo Quizás yo tenga la misma suerte", deslizó.
Desde ahí, los reproches sobre el índice de galleguidad de unos y otros comieron minutos al debate. "Galleguista es lo que quieren la mayoría de los gallegos, no lo que quieren las minorías", espetó.
El ámbito municipal se hizo presente en el discurso de Feijóo lanzando promesas para las grandes ciudades. Dos acapararon la atención: los hospitales de Vigo y Pontevedra, que estarán en construcción el próximo año. La entrada de capital privado permitió marcar diferencias entre el BNG, que denunció su privatización, y el Gobierno. "Ya se están haciendo mediante esta fórmula en Castilla y León y Andalucía", se defendió el presidente de la Xunta.
Esta parte del debate ilustró el abismo ideológico que separa a gobierno y oposición, como quedó reflejado cuando respecto a estas obras Aymerich acusó a la Xunta de "subordinar la calidad asistencial al lucro" por encargar a empresas privadas su construcción y retrasar así de diez a cuatro años el plazo para su puesta en marcha.
Feijóo también prometió un nuevo impulso a las áreas metropolitanas de A Coruña y Vigo este mismo año, aunque primero irá la de la ciudad olívica.
La relevancia de este debate se evidencia en la presencia de autoridades en el palco. Mientras Baltar se hizo esperar y no llegó hasta la tarde, Vázquez estuvo arropado por el poder municipal del PSdeG: acudieron al Parlamento los alcaldes de Vigo, Santiago, Ferrol, Lugo y Fene -pero con la ausencia destacada del de A Coruña- el delegado del Gobierno y el presidente de la Diputación de Lugo. Feijóo perdió en este aspecto, acompañado de Rafael Louzán, Telmo Martín, Xosé Crespo y Corina Porro.
Vázquez, que el lunes ensayó a última hora en el hemiciclo junto a Ricardo Varela, protagonizó la bronca que cerró la sesión cuando se levantó para decirle a Feijóo que mentía después de que éste asegurase que le había ofrecido pactar el nombre del director de la Crtvg. Nadie se acordaba ya del consenso.