R. PRIETO | A CORUÑA
Lejos quedan los tres meses previstos por Fomento para reabrir la Autovía del Noroeste, el principal acceso a Galicia por el norte. Ya ha pasado más de un año del derrumbe de un talud en la sierra de La Escrita, en el Bierzo, y todavía no hay una fecha para la reapertura del tramo de la A-6 entre los kilómetros 415 y 420. Desde febrero de 2009, el tráfico en esos cinco kilómetros es desviado a la N-VI, una vieja carretera con el firme desgastado por el uso que se le dio cuando era la carretera principal hacia Galicia. Durante este puente de San José, los miles de turistas de minivacaciones junto con los 10.000 vehículos que cruzan a diario esa zona tendrán que recorrer la distancia entre las localidades bercianas de Trabadelo y Portela de Valcarce por la antigua nacional. No les quedará otra que armarse de paciencia ante las previsibles retenciones en esos cinco kilómetros de la N-VI.
La normalidad tardará en restablecerse en la carretera de A Coruña. Tanto que Fomento no se atreve a augurar su apertura para el verano ni incluso para finales de año. "Por la complejidad de la obra y por prudencia, no se puede fijar una fecha para la reapertura de la A-6", apuntan desde el departamento que dirige José Blanco.
Blindar una ladera de 180 metros cuesta. "Estamos cosiendo la montaña", así justificó ya el verano pasado Blanco los retrasos en las obras. Un año después de los desprendimientos de tierra y la amenaza de derrumbe de la montaña, el medio centenar de trabajadores repartidos en tres turnos las 24 horas del día, según apuntan desde Fomento, ya han finalizado prácticamente la estabilización del talud y han comenzado a construir la estructura de protección de la calzada. "Estamos ante una obra de gran magnitud. Las máquinas tienen que atravesar pendientes del 27% para trabajar arriba. Es todo un reto de ingeniería porque se trata de estabilizar una montaña de 180 metros, cinco veces mayor que el tamaño medio habitual", comentan el Ministerio.
Pese a que el calendario que maneja Fomento para la llegada del AVE a Galicia se sitúa en el horizonte de 2015 -con proyectos todavía sin aprobar y licitaciones pendientes-, en el caso de la A-6 el Ejecutivo central, con las obras ya en marcha y la estabilización del talud ya prácticamente listo, evita fijar un plazo para la reapertura de la autovía. El motivo, reiteran, la complejidad de las obras. "El objetivo reabrir el tramo lo antes posible. Para ello hay que blindar la ladera y el talud para siempre", concluyen desde el Ministerio dirigido por Blanco, en alusión a los problemas que la sujeción de la montaña ya dio en 2001 durante las obras ejecutadas por Fomento, entonces en manos de Francisco Álvarez-Cascos.
Hace nueve años, el Gobierno central trabajaba a marchas forzadas para abrir cuanto antes este tramo, pero la difícil orografía de las montañas leonesas obligó a adoptar medidas extraordinarias para sujetar la ladera. La solución técnica que se acordó entonces fue construir dos grandes taludes de hormigón y un falso túnel entre los kilómetros 414 y 418. La decisión obligó a retrasar la inauguración del tramo varios meses, hasta julio de 2002, y el departamento de Cascos tuvo que realizar un desembolso económico extraordinario de 27 millones de euros.
Los problemas constructivos que tuvo que resolver el Gobierno para salvar las montañas leonesas a pocos kilómetros de la frontera con Galicia convirtieron este tramo de la A-6 en uno de los más caros de la historia de España, con un coste medio de 11,8 millones por cada uno de los casi 9 kilómetros construidos. El tiempo ha demostrado que esta inversión no resolvió el problema y las grietas y desplomes que se vivieron hace nueve años durante su construcción han vuelto a repetirse.