A. M. | CAMBADOS
Han tenido que esperar 73 años para poder decir que sus familiares descansan en paz. Los restos de Castor Cordal y Ramón Barreiro, fusilados en septiembre de 1936, fueron entregados ayer por voluntarios de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) a sus allegados en un homenaje a los represaliados del franquismo en Cambados. Sus cuerpos fueron desenterrados en octubre del año pasado de una fosa en Curro (Barro).
El momento más emotivo del acto fue cuando los parientes subieron al estrado para recoger los restos de sus familiares. La sobrina de Ramón Barreiro, Elena, y una hermana de Castor Cordal, Josefina, fueron las encargadas. Ninguna pudo ocultar la emoción. "Es una alegría muy grande tener a nuestro hermano enterrado en un cementerio. Hasta ahora estaba en un rincón, junto a unas piedras. Y él no hizo nada malo", declaró Josefina Cordal, de 83 años. Tampoco pudo esconder su satisfacción la sobrina de Ramón Barreiro. "Hoy es un día muy grande para nosotros. Esperábamos tanto este momento", celebró Elena Barreiro.
Durante la ceremonia, a que además de familiares asistieron representantes de todos los grupos municipales del Concello, en manos del PP, intervinieron el vicepresidente de la ARMH, Santiago Macías, y el escritor Manuel Rivas. Tras lamentar ante los familiares la tardanza con la que se están llevando a cabo este tipo de actos, Rivas destacó que personas como Castor y Ramón son los "héroes de la libertad". "La sociedad -aseguró- tiene una gran deuda con ello y con lo mucho que sufrieron sus familias para poder salir adelante". En su intervención, Macías lamentó la escasa implicación de las administraciones públicas en la exhumación de fosas y emplazó al Gobierno central a emular a países como Chile, Argentina o Ruanda, que sí han sumido la búsqueda de sus desaparecidos. Para el vicepresidente de la ARMH, la entrega a las familias de los restos mortales de sus hijos, padres o abuelos fusilados durante el franquismo "forma parte de la terapia que empieza con la exhumación". Los desenterramientos -continuó- "no van contra nadie, sino que pretenden cerrar una herida".