R. P. | A CORUÑA
Ninguna marea es igual a otra. Pero la experiencia del Prestige ha sido requerida por EEUU para dar una respuesta eficaz al mayor desastre ecológico del país: el vertido ocasionado por la plataforma de BP el pasado mes de abril. Blanca Laffon, profesora de la Universidade da Coruña, asistió la semana pasada a Nueva Orleans a un congreso sobre los efectos para la salud humano del vertido de fuel en el golfo de México. Laffon, la única científica no estadounidense que participó en el encuentro de expertos organizado por el Instituto de Medicina de la Academia Nacional de Ciencias de EEUU, expuso los resultados del estudio elaborado entre las tres universidades gallegas sobre las alteraciones hormonales y genéticas por el vertido del Prestige.
"En este momento es cuando hay que tomar muestras a las personas que están en contacto con el fuel", apuntó. "Aunque ahora sólo tengamos idea de tres o cuatro cosas para evaluar -añadió-, puede que en un futuro a medio e incluso largo plazo se nos vayan ocurriendo aspectos que deben ser analizados". Tras su exposición, en la que situó a los fumadores como el colectivo más afectado, Laffon participó en un comité de expertos en el que trató diversos aspectos relacionados con las posibles poblaciones de riesgo, los efectos sobre la salud fisiológicos y psicológicos de la exposición del crudo, las actividades de protección y las metodologías de investigación.
Y es que según recordó, los trajes que entregaron a los voluntarios para limpiar el chapapote no resultaron eficaces ni fueron usados adecuadamente. "No vale con dar un traje, unas botas y unas mascarilla y no decirles cómo tienen que utilizarlo", apuntó Laffon.
El equipo de la Universidade de A Coruña que tras el Prestige impulsó una investigación sobre los efectos crónicos del contacto con el fuel, ha puesto en marcha un nuevo estudio entre los residentes de las zonas más afectados por el vertido -Muxía, Lira, O Pindo y Fisterra-. De las 80 muestras tomadas a pescadores y mariscadores, los investigadores coruñeses tratarán de determinar si los niveles elevados detectados tras la catástrofe en las costas gallegas continúan o si por el contrario el organismo se ha recuperado. Las conclusiones de los análisis estarán listas a finales del próximo año.