SELINA OTERO | MARÍN
El acto oficial de entrega de despachos a los nuevos oficiales de la Escuela Naval de Marín, presidido por los príncipes de Asturias, duró ayer media hora menos. Por primera vez en más de 50 años de historia, la tradicional misa en honor a la Virgen del Carmen en el día grande de la Armada desapareció del programa oficial y se celebró aparte. Pese al estricto cumplimiento de la reciente instrucción del Ministerio de Defensa, obligando a separar la cara religiosa de la militar, la asistencia a la Eucaristía, que tuvo lugar antes de la Jura de Bandera, fue masiva. Y pese a celebrar la homilía fuera de agenda -sin cámaras ni prensa- un crucifijo presidió el podio principal toda la mañana.
La inmensa mayoría de los militares, más de 500, y los familiares que observaban desde las gradas cómo los suyos besaban la bandera y recogían los despachos (más de 2.000 personas en total) se plantaron a las diez de la mañana en la escuela marinense para escuchar la misa del Carmen, que ayer estrenó su carácter "voluntario".
El colectivo con menor presencia en la bancada de la homilía, pronunciada por el arzobispo castrense, Juan del Río Martín, fue el de las autoridades que, en su mayoría, llegaron junto a don Felipe y doña Leticia para la Jura de Bandera. Sí pudieron verse en la atípica Eucaristía de este año políticos "populares": varios conselleiros del Gobierno de Feijóo, la diputada del PP en el Congreso Ana Pastor -que al final del acto censuró que "la mayoría de las autoridades" asistentes a la entrega de despachos faltaran a la misa- o el presidente de la Diputación de Pontevedra, Rafael Louzán.
Fieles al carácter tradicional y religioso de la jornada "estrella" de Marín, oficiales y parientes quisieron rezar a la Virgen del Carmen, al margen de la polémica de cambiar "de sitio y lugar" la ceremonia religiosa, eliminándola del foco central que siempre ocupó en la Jura de Bandera.
Con el trasfondo de inyectar un toque de laicismo a los actos militares, la orden tomada por la ministra de Defensa, Carme Chacón (ayer ausente), cambia radicalmente el carácter del 16 de julio para Marín. El obispo castrense aprovechó la misa para reivindicar "la importancia de la espiritualidad en la vida de la Marina".
Tras muchos años entonando la canción en honor a la patrona de las olas, la Virgen del Carmen, para poner fin a la Jura de Bandera el 16 de julio, ayer no se tocó. Al menos no en el acto oficial, con el palco de autoridades pendientes de cada movimiento de los nuevos guardiamarinas y estudiantes. En su lugar, los militares entonaron el Himno de la Armada, que el Príncipe acompañó desde el palco.
Con las quejas de todos aquellos que consideran la Salve "una tradición, más que un motivo religioso en sí mismo", su melodía sonó solo para los que se unieron "voluntariamente" a la Eucaristía.
Pero sí hubo referencias y símbolos religiosos en el acto oficial. El crucifijo presidió el palco. En su discurso, el director de la escuela, Marcial Gamboa, quien solicitó a los marines "compaginar las tradiciones plenamente vigentes" con el carácter "cambiante" de la sociedad, de la que parten todos los valores.