El diezmo y la oblata, impuestos que recibía la Iglesia desde la Edad Media

22.04.2013 | 02:41

En las parroquias gallegas los derechos eclesiásticos más habituales que pagaban los vecinos eran el diezmo y la oblata. Este último pervive aún en algunas aldeas gallegas, pese a que desapareció junto al diezmo y otros tributos hace siglos. La obligatoriedad del diezmo se introdujo en España a través de Aragón y Cataluña. El pago del tributo se realizaba en especies y representaba un décimo de los frutos de la agricultura o ganadería obtenidos por el creyente. El mayor se aplicaba los cereales, vinos, aceites, vacas, ovejas... y el menor comprendía bienes más específicos como aves de corral, legumbres, hortalizas o miel. Por ejemplo, por cada vaca que daba a luz había que entregar una gallina.

Los ingresos obtenidos los recogía una figura conocida como el colector y los entregaba a los párrocos, abades y obispos; y también a señores feudales que habían comprado los derechos recaudatorios de la Iglesia. Un tercio de la recaudación se dedicaba a la construcción de iglesias, otro a sufragar los gastos del personal eclesiástico y, el último, a cubrir las necesidades capitulares. En 1837 se acordó la supresión de los diezmos en España, pero las necesidades de recursos para la Primera Guerra Carlista provocaron que en 1841 naciese la contribución de culto y clero, que supuso que el impuesto siguiese incidiendo con otro nombre igual que incide en la actualidad la oblata. La oblata se pagaba por cada matrimonio con un ferrado de trigo y medio de maíz que al año equivalía a 60 ferrados de trigo y 30 de maíz que percibía el párroco. Las viudas y las solteras de la parroquia solo estaban obligadas a abonar la mitad de lo establecido.

 

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