Los niños de la guerra que no volvieron

El Estado presta ayuda a 158 gallegos embarcados después del estallido de la Guerra Civil - El 70% residen en Argentina y tan solo tres regresaron a España

31.01.2016 | 13:06
Un grupo de niños españoles que se dirigían a Chile en 1939, escapando de la Guerra Civil.

De los más de 30.000 menores que fueron sacados de España tras el estallido de la Guerra Civil, la cifra de niños de la guerra se queda hoy en poco más de 1.700, de ellos un total de 158 de origen gallego. Siete décadas después de la evacuación y del traslado a colonias escolares de Europa y América, la mayoría sigue residiendo en los países que años atrás les acogieron. Muy pocos regresaron a su tierra natal. La mayoría lo hicieron cuando se jubilaron. De los casi 160 niños de la guerra gallegos, tan solo tres volvieron a España, el resto permanecen en Argentina, Uruguay, Cuba, México , Perú o Rusia, entre otros países

Los bombardeos y el sitio al que fue sometida la zona republicana tras el estallido de la Guerra Civil obligaron a las autoridades a evacuar a los niños. En un primer momento fueron trasladados a lugares alejados del frente y posteriormente a Francia, Inglaterra, Bélgica y Rusia, y en menor medida a otros países como Suiza, Noruega, Dinamarca, Suecia y México. Entre 1936 y 1939, unos 30.000 menores de entre 3 y 15 años fueron embarcados en los puertos del norte. En la postguerra, otros 70.000 escaparon de la miseria y el hambre rumbo a un destino incierto. Iban para tan solo unas semanas y echaron años. Algunos toda su vida. De aquellos niños de la guerra, hoy octogenarios y algunos centenarios, un total de 1.708 -1.589 residentes en el exterior y 119 en España- reciben una prestación del Gobierno central. En el caso de Galicia, el número de beneficiarios que todavía permanecen en el país de acogida asciende a 155 y tan solo tres que residen en España. El volumen de prestaciones recibidas por aquellos niños gallegos a los que la guerra partió su infancia representa el 10% de las otorgadas en el conjunto del país.

Casi 80 años después de la evacuación y el traslado a colonias escolares, la mayoría siguen residiendo en países suramericanos o europeos que décadas más tarde acogerían a los emigrantes gallegos. Y también en Rusia, que durante los años de la Guerra Civil y la postguerra se involucró en la acogida de los niños que huían del conflicto.

En España, el Ministerio de Empleo reservó en los presupuestos de este año un total de 7,73 millones para atender las prestaciones a ciudadanos españoles desplazados al extranjero cuando eran niños como consecuencia de la Guerra Civil. Esta partida mantiene el nivel de atención a este colectivo, cuyo número ha descendido en los últimos años: de 2.265 en 2010 a 1.708 en 2014. La cuantía de esta ayuda se fija para este año en un máximo anual de 7.183,29 euros, un 0,25% más que el ejercicio pasado.

En el año 2014, según los últimos datos disponibles de la Secretaría General de Inmigración y Emigración, un total de 1.708 españoles niños de la guerra recibieron ayudas del Estado, de los que 158 son gallegos. La mayoría de los beneficios de origen gallego son de Pontevedra y A Coruña, un total de 58 y 46, respectivamente. Les sigue en la lista, los ourensanos (41) y lucenses (13) que siendo menores de edad abandonaron Galicia tras el estallido de la Guerra Civil.

Siete de cada diez niños de la guerra gallegos están afincados en Argentina (un total de 111). El segundo grupo más numeroso reside en Uruguay -un total de 17-. El resto de menores gallegos huidos del conflicto se reparten entre Cuba (10), México (8), Perú (4) y Brasil, Chile, Venezuela, Georgia y Rusia, con tan solo un beneficiario. En España, residen tres -dos de A Coruña y uno de Pontevedra-.

Para tener derecho a una ayuda del Estado es preciso haber sido desplazado al extranjero durante su minoría de edad, entre el 18 de julio de 1936 y el 31 de diciembre de 1939, así como haber desarrollado la mayor parte de su vida fuera del territorio nacional.

Estas prestaciones tratan de compensar, al menos en parte, las carencias de aquellos ciudadanos que vieron truncadas sus perspectivas personales y profesionales como consecuencia de la Guerra Civil, con el doble objetivo de reconocer la deuda histórica que tiene España con estos ciudadanos y de coadyuvar a la mejor satisfacción de sus necesidades más básicas.

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