Los catalanes de la celda 17

La ARMH celebra el martes un monográfico sobre el arquitecto republicano Jordi Tell, que diseñó la casa Cervigón de Oleiros tras pasar un año en la cárcel de A Coruña

23.04.2016 | 12:17

"No hay que olvidar lo que pasó en la antigua cárcel provincial de A Coruña porque por ella pasó mitad de la gente de la ciudad durante la sublevación militar contra la Segunda República y son muchas las historias que conocemos cada día", destaca la profesora Carmen García-Rodeja y voluntaria de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH). Con ese espíritu se creó el blog Memoria do Cárcere (www.memoriadocarcere.com) en el que se recopilan testimonios y documentos de presos políticos afectados por la represión franquista y de sus familiares. Para dar más visibilidad a los reclusos que pasaron días en la penumbra del penal, la ARMH organiza varios monográficos como la conferencia Arquitectura no cárcere que el próximo martes se celebrará el museo Casares Quiroga a las 19.30 horas y en la que colabora la Escola Técnica Superior de Arquitectura.

Los protagonistas de esta jornada serán los conocidos como los catalanes de la celda 17, un grupo de intelectuales liderados por el arquitecto y dibujante Jordi Tell, que tras ser detenidos en Berlín por la Gestapo por atacar la embajada española en la ciudad alemana fueron entregados a Franco y trasladados a la prisión coruñesa en abril de 1937. De su estancia durante un año en la cárcel hablará García-Rodeja el martes en el Casares Quiroga. La representante de la ARMH recuerda que este grupo de catalanes -el arquitecto Jordi Tell, el periodista Jaume Gascon, el violonchelista Ricard Boadella, el campeón de ajedrez Miquel Albarela, el geólogo Carlos Auernheimer y José Luis García Obregón- tenían buenos contactos en el exterior y eso les permitía obtener "comida, mantas e incluso chocolate procedente de Suiza" para tener una estancia algo mejor que otros reos. Las condiciones, de todas formas, eran muy duras pese a que "la solidaridad" entre todos ayudaba a sobrellevar la vida entre rejas. En las cartas que Tell enviaba a sus familiares no se apreciaba, sin embargo, ese lado más amargo porque solo "la cara más amable" de las jornadas tras los muros de la cárcel.

El arquitecto fue el único de los catalanes que logró fugarse con éxito. Sus compañeros Boadella y Auernheimer pasaron por el campo de prisioneros de Rianxo, Albareda fue movilizado en el Ejército nacional y Gascón volvió a ser encarcelado después del consejo de guerra.

El militar coruñés Rogelio Caridad -fusilado al inicio de la Guerra Civil por el Ejército golpista por su lealtad a la Segunda República- fue el compañero de huida de Jordi Tell. Ambos se marcharon en lancha gracias a la red de fugas por mar que organizaban los anarcosindicalistas en Galicia y junto con cuatro marineros abordaron dos barcos de pescadores e iniciaron una escapada hasta el puerto francés de Brest. Este viaje permitió al arquitecto volver a Cataluña por Francia aunque poco tiempo pasó en Barcelona y se marchó a Noruega para continuar con la defensa de los valores de la República. Esas vivencias las recoge la doctora en Historia del Arte, Gemma Domenech en su libro Jordi Tell: un llop solitari, que presentará el martes en el acto. También la bitácora Memoria do Cárcere cuenta entre sus entradas con un repaso sobre la vida de uno de sus presos más ilustres, que tras su huida de A Coruña pasó por Noruega hasta que los nazis ocupan el país en 1940 y en menos de un año estuvo en Suecia, Japón y Estados Unidos hasta llegar en 1941 a México, donde trabajó como empresario de la construcción. Cinco años después retomó su activismo político cuando volvió a Noruega como representante de la República en exilio en los países nórdicos. Desilusionado con la evolución internacional dejó la labor diplomática y vive durante una década al margen de la civilización en una isla del país noruego para en los años 70 y 80 centrarse en la arquitectura moviéndose entre Cataluña y Noruega.

De su labor como arquitecto también queda constancia en A Coruña, en concreto en Santa Cristina (Oleiros) donde se erige la casa Cervigón. una de sus obras más significativas y considerada un emblema de la arquitectura moderna en Galicia. Después de ser encarcelado y antes de su huida creó con el arquitecto José Caridad -hermano de Rogelio Caridad - este inmueble con terraza, jardín y vistas a la ría, para los hijos de Cervigón, el dueño de uno de los aserraderos más prósperos de A Coruña. El edificio, construido en los años 30, figura en el prestigioso Docomomo Ibérico, el catálogo de arquitectura del movimiento moderno de España y Portugal. Tanto Domenech como el arquitecto gallego Xosé Lois Martínez ofrecerán a los asistentes el martes a la conferencia esa unión entre la arquitectura y la República en la ciudad coruñesa y a través de la figura de Jordi Tell.

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