Los jóvenes que se forman como párrocos solo cubrirían al 40% de jubilados que todavía están ejerciendo

Siete de cada diez sacerdotes en Galicia superan lo 65 años y poco más del 1% son menores de 30. La comunidad perdió la cuarta parte de curas en cinco años y cada uno atiende de media tres núcleos

24.09.2017 | 08:53

El envejecimiento de la población gallega que agudiza la sangría demográfica en Galicia está patente en sectores como el clero. Y si en la comunidad cada año nacen menos niños, en el sacerdocio también se agudiza la falta de relevo generacional. La geografía gallega está dividida en 3.642 parroquias que son atendidas por 1.170 curas, un 25% menos que los 1.532 de hace cinco años, según los datos aportados por los cinco obispados o diócesis de la comunidad. Cada uno atiende de media tres núcleos parroquiales, una proporción que en el Obispado de Lugo sube a casi siete. El caso más llamativo es Ourense, donde uno de cada diez curas tienen que encargarse de los servicios religiosos de más de una decena de áreas. Debido a la falta de relevo son muchos los curas que una vez que llegan a la edad de jubilación siguen trabajando para que sus feligreses no se queden sin misa. Tanto es así que casi siete de cada diez sacerdotes gallegos superan los 65 años. En concreto, 789 del total. Galicia sufre escasez de vocación sacerdotal y ni las nuevas ordenaciones -apenas una docena al año- y ni siquiera los seminaristas que se están formando garantizan el relevo. En este sentido, los 331 jóvenes que estudian en los seminarios de la comunidad solo permitirían retirarse al 40% de los jubilados que aún ejercen.

De todas formas, hay diferencias entre diócesis. En el Obispado de Tui-Vigo los 76 futuros párrocos que están estudiando podrían relevar a los 65 que ya están en edad de jubilación pero que por falta de vocación siguen trabajando para no dejar a sus parroquias desatendidas. Y quedarían otros 16 para ayudar a los 127 que están en activo y prestan servicio a dos núcleos cada uno. En Ourense se podrían suplantar al 83% de los 114 retirados con los 95 seminaristas, un porcentaje que en Lugo baja al 44% -56 jóvenes para sustituir a 126 jubilados-, en el Arzobispado de Santiago ronda la cuarta parte -94 de 380- y en la diócesis de Mondoñedo-Ferrol las 10 posibles nuevas ordenaciones apenas permitirían colgar el hábito al 9% de los 104 párrocos que ya superan los 65 años.

Otro dato que muestra la gravedad de la situación es que mientras casi el 70% de los curas gallegos sobrepasan la edad de jubilación, los menores de 30 no llegan a la veintena y apenas representan el 1,3% del total. En Mondoñedo-Ferrol y Lugo el grupo de los curas mayores de 65 años representa un porcentaje mayor que la media gallega, con un 80% y un 74% respectivamente. También supera ese umbral el Arzobispado de Santiago, donde sus 380 párrocos jubilados pero en activo son casi el 70% del total. En el otro extremo apenas se encuentran cinco sacerdotes en las parroquias ourensanas y otros cinco el Obispado Tui-Vigo que no llegan a la treintena, uno más que los cuatro de la archidiócesis compostelana. En Mondoñedo-Ferrol son tres y en Lugo solo uno. La edad media, de hecho, ronda los 66 años, una cifra que llega a los 68 en Lugo y a los 70 en Santiago.

Ante la crisis de religiosos, las diócesis gallegas apuestan por medidas de agrupación de parroquias, con las llamadas unidades pastorales concebidas para que varios curas se unan para atender las parroquias cercanas. En estas agrupaciones existe un centro o dos de referencia donde se celebra la misa del domingo a hora fija, mientras que en el resto se va rotando. El sacerdocio también camina hacia los centros de atención pastoral en los que se concentren actividades religiosas como la catequesis y la preparación para otros sacramentos como los cursillos prematrimoniales, reuniones de formación...

La Iglesia también fía su permanencia territorial a los fieles. Por eso, apuesta porque los párrocos prioricen los oficios esenciales -la misa dominical, la celebración de los sacramentos y entierros o fiestas patronales-, al mismo tiempo que se fomenta la incorporación de laicos a tareas que no requieren la presencia expresa de un cura como la celebración de la palabra en espera del presbítero -que es como se denomina a la misa sin sacerdote y en la que no hay consagración- , novenas o el rezo del rosario.

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