Irlanda, el tigre demográfico

Galicia y el territorio irlandés tuvieron la misma población hace 50 años, pero ahora la primera registra 100.000 habitantes menos y la segunda, 2 millones más - La economía es la clave

12.11.2017 | 11:49
Escolares juegan en un colegio de Dublín.

Las claves

  • Liberalización. Desde finales de los ochenta, ha puesto en marcha una combinación de medidas liberalizadoras en su economía y se abrieron las fronteras a los capitales extranjeros
  • Flexibilidad laboral. Tiene una normativa laboral muy flexible y es una de las economías más libres del mundo. Pero también posee uno de los niveles de protección más bajos de Europa
  • Impuestos bajos. Numerosas multinacionales, sobre todo relacionadas con el sector de tecnología, se han asentado en el país por los bajos impuestos y por la flexibilidad laboral

Cuando se analiza el declive demográfico que padece Galicia, los expertos se miran en el espejo de Irlanda. La causa, además de una orografía y un clima parecidos, es que hace medio siglo ambos territorios tenían casi la misma población: unos 2,8 millones de habitantes. Pero ahí se acaban las comparaciones. Mientras los irlandeses eran en 2016 un 75% más (4,7 millones), los gallegos se quedaban con un 3,9% menos (2,7 millones).

¿Cuáles son las causas de que Irlanda haya casi duplicado su población desde 1960 o que en 2006 superase los 4 millones por primera vez desde 1871? Los expertos coinciden en que son un cúmulo de medidas puestas en marcha, sobre todo, a finales de los ochenta, tal y como expusieron en A Coruña durante las jornadas Galicia en la encrucijada, organizadas el mes pasado por la Fundación Barrié. Casi ninguna fueron ayudas directas para fomentar la natalidad, sino decisiones económicas que provocaron el crecimiento de la población irlandesa, ya sea con el aumento de la natalidad o con la llegada de trabajadores que se asentaron en el país. Por lo tanto, es la economía la que, en este caso, tira de la población.

En la segunda mitad de los noventa, a Irlanda se le empezó a llamar el Tigre Celta porque crecía a doble dígito. Después, como en España, estalló la burbuja inmobiliaria, y tuvo que rescatar a su banca. Recibió 85.000 millones de Europa y pasó a formar parte de los Piigs, la forma peyorativa de referirse durante la crisis a Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España. Sin embargo, pasó de que su economía cayese un 4,6% en 2009 a crecer un 8,5% en 2014; un 26,3% en 2015 y un 5,2% en 2016. En 1980 era el país más pobre de la Europa de los Doce y el tercero más atrasado cuando España entró en la Unión Europea en 1986. Ahora, es el segundo más rico de la Eurozona, solo superado por Luxemburgo.

Entre 2011 y 2016 su tasa de paro se desplomó casi la mitad -del 15% al 7,9%- y la previsión que maneja el Gobierno irlandés es que a finales del próximo año se alcance el pleno empleo cuando la tasa se coloque por debajo del 5%. Ya han avisado de que van a necesitar mano de obra extranjera para que su economía siga creciendo como en los últimos años.

Toda esta bonanza económica es la que ha provocado que aumente la población. A los irlandeses no les importa tener descendencia porque saben que van a tener trabajo y un futuro sin estrecheces.

Antes de la crisis, el crecimiento demográfico se atribuyó, casi a partes iguales, a la llegada de trabajadores extranjeros y al alto índice de natalidad. Ahora, el principal factor del incremento de habitantes es el aumento del número de nacimientos, según señala un estudio elaborado por la Oficina Central de Estadísticas irlandesa. La república encabezó el año pasado la clasificación de países miembros de la UE con la mayor tasa de natalidad: 13,5 nacimientos por cada 1.000 habitantes. En Galicia es casi la mitad: 7,1. Su tasa de mortalidad es de 6,4. La gallega casi la duplica: 11,6.

Desde finales de los ochenta, Irlanda ha puesto en marcha una combinación de medidas liberalizadoras en su economía. Se abrieron las fronteras a los capitales extranjeros, al comercio y a la mano de obra. Tiene una normativa laboral muy flexible y en estos momentos es una de las economías más libres y abiertas del mundo.

Pero no todo es positivo. Esa flexibilidad laboral provoca que posea uno de los niveles de protección más bajos de Europa, según la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico. También el coste por despido es de los más bajos de Europa.

Además, los diferentes gobiernos han puesto en marcha una política muy baja de impuestos para las empresas, lo que ha provocado que multinacionales, sobre todo relacionadas con el sector de la tecnología, hayan acudido a la llamada de la flexibilidad laboral y de las ventajas fiscales. El impuesto de sociedades está en el 12,5%, el más bajo de la zona euro y uno de los más reducidos del mundo. Ni cuando tuvo que recibir el rescate de los 85.000 millones Bruselas le obligó a subirlo.

Y como consecuencia de este florecimiento económico, también se ha convertido en un polo de atracción para trabajadores extranjeros, pero también para los irlandeses que regresan con una gran formación y que ayudan a que la población aumente.

Hay analistas que critican que el crecimiento económico de los últimos años se debe, en parte, a que estas grandes empresas se han fusionado con compañías con domicilio en Irlanda para tener que pagar solo el 12,5% de los impuestos. Aunque así sea, nadie pone en duda que el músculo económico del que dispone en estos momentos el país ha provocado que se haya convertido en un tigre demográfico y que su población casi se duplique en 50 años.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook

 

El periódico continuará ofreciendo, día a día, segundo a segundo a través de su web, el aire fresco que introdujo en 2000 en el panorama informativo coruñés

 

Enlaces recomendados: Premios Cine