Sin rastro del riesgo genético del 'Prestige'

Expertos constatan que las alteraciones en el ADN y en los sistemas endocrino e inmunológico de los voluntarios y trabajadores expuestos al fuel han desaparecido

15.11.2017 | 13:36
La profesora Blanca Laffon.

La profesora de Psicobiología de la Universidade da Coruña Blanca Laffon sostiene que en estos momentos, quince años después del accidente del Prestige, "se ha eliminado el rastro" que la limpieza de fuel del petrolero dejó en el ADN de las personas expuestas en A Costa da Morte. El hundimiento del petrolero el 19 de noviembre de 2002 cuando navegaba a 28 millas del concello coruñés de Fisterra y tras seis días a la deriva vertió al mar unas 63.000 toneladas de fuel y generó una marea negra de chapapote de más de 3.000 kilómetros de costa que afectó al litoral gallego y a los de Asturias, Cantabria y Francia.

"Ya no existe un riesgo de desarrollar cáncer superior en las personas expuestas al fuel con respecto a las que no lo estuvieron, aunque ese riesgo sí estaba presente en el momento de la exposición", cuando miles de voluntarios acudieron a las playas de A Costa da Morte para participar en las tareas de limpieza del vertido, que alcanzó el litoral de Francia.

En una entrevista con Efe, Laffon, licenciada en Farmacia por la Universidade de Santiago, recuerda los dos estudios en los que participó orientados a determinar si las personas expuestas al fuel podían sufrir alteraciones genéticas y del sistema inmunitario y endocrino: el primero se realizó cuando esas personas estaban todavía expuestas, y el segundo siete años después.

Con respecto al primer estudio, se dividió la población en cuatro grupos, uno de control -de no expuestos-, otro de voluntarios -estudiantes universitarios que limpiaron de lunes a viernes, cinco días-, y trabajadores -fundamentalmente contratados por Tragsa- expuestos a nivel de playa recogiendo manualmente fuel, y los que utilizaron máquinas para limpiar con agua a presión las rocas.

Una vez recogidas las muestras en sangre para evaluar las alteraciones a nivel genético, se comprobó que esas personas tenían un daño en el ADN que no presentaban los individuos de control, e incluso los expuestos cinco días registraban un daño mayor, sugiriendo que, a medida que la exposición se prolongaba, el organismo respondía con un efecto adaptativo.

Siete años después se hizo un seguimiento en otro proyecto en el que se analizaron los marcadores de daño genético y alteraciones endocrinas e inmunológicas con una muestra de población más pequeña extraída de los pueblos donde las exposiciones habían sido mayores, en concreto con participantes de las cofradías de pescadores y mariscadores. La conclusión fue que el daño genético resultó igual al basal, lo que quería decir que "años después las personas ya se habían recuperado del daño inducido".

En definitiva, "si los resultados tras siete años indicaban que el nivel de daño genético en el ADN -indicador del incremento de riesgo de sufrir determinadas patologías, como el cáncer- era basal, a ese nivel hoy no habrá nada", subraya Laffon, académica correspondiente de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Galicia.

No obstante, los resultados de los análisis endocrinos e inmunológicos sí mostraron alteraciones en las personas expuestas que aconsejaban la realización de un seguimiento de estos individuos para la detección temprana de posibles problemas de salud. Distinguida por la Fundació Agrupació con el Premio Ámbito de las Personas Mayores, la científica advierte de que si se repitiera una catástrofe como la del Prestige las consecuencias podrían ser las mismas, a no ser que se gestionara de otra forma.

"El Prestige nos pilló muy desprevenidos, todo el mundo se lanzó al mar y a las playas a limpiar desde el primer momento y solo fue después cuando se distribuyeron dispositivos de protección, se hicieron equipos de trabajo y se organizaron horarios", relata. En su opinión, si hubiera habido un protocolo de actuación para gestionarlo, "la protección de la salud hubiera sido mayor". "No todo el mundo usó el traje, la mascarilla y los guantes cuando fue a limpiar el chapapote y nos llamó la atención cuando hicimos el primer estudio que las mascarillas distribuidas en un primer momento no fueron las adecuadas para la exposición a los gases, sino que eran para impedir el paso de partículas, y aún teniéndolas la gente optaba en ocasiones por no utilizarlas, por la incomodidad que generaban", recuerda Laffon.

Organizarse bien supone determinar tiempos de trabajo y usar medidas de seguridad adecuadas, por lo que, según la científica, si hubiera otro Prestige "y estamos preparados, no tienen por qué repetirse sus consecuencias".

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook

 

El periódico continuará ofreciendo, día a día, segundo a segundo a través de su web, el aire fresco que introdujo en 2000 en el panorama informativo coruñés

 

Enlaces recomendados: Premios Cine