01 de abril de 2018
01.04.2018

Sello de calidad a alimentos artesanos

01.04.2018 | 22:24
Mercado agroalimentario de Abegondo.

Comer sano está de moda. De ahí el boom de los alimentos ecológicos y los productos de calidad cuya demanda se ha disparado en los últimos años y de lo que la industria agroalimentaria ha tomado nota. Pero en Galicia, con una fuerte cultura de elaboración de productos artesanales, destaca también el aprecio de los consumidores por todo lo casero ya sea producido en explotaciones agrícolas o ganaderas familiares. Huevos de gallinas de casa, queso con leche de las vacas de la granja, chorizos del cerdo criado también en casa y de la última matanza? son solo algunos de los muchos ejemplos. Por eso, la Xunta ultima los trámites para la aprobación de la norma que regula la producción artesana de Galicia, un documento pendiente desde hace una década cuando gobernaba el bipartito.

Coincidiendo con el primer año del plan estratégico de la producción ecológica y tras la puesta en marcha de la Axencia Galega de Calidade Alimentaria (Agacal) el pasado octubre, la Consellería de Medio Rural tiene previsto dar luz verde al decreto de artesanía alimentaria este año. El Consello Agrario Galego se reunió este mes para avanzar en la tramitación del borrador del texto y está previsto que en breve se lleve al Consello da Xunta. El departamento autonómico también presentó el documento ante la Comisión Europea con la intención de que el organismo comunitario dé su visto bueno antes de verano. La Xunta, de hecho, alegó la demora a que era necesario esperar a que Bruselas cambiara las leyes de etiquetado y regímenes de calidad.

Las microempresas de este ámbito -de menos de 10 trabajadores y con ingresos inferiores a los dos millones de euros- y las explotaciones agrarias elaboradoras de alimentos caseros -tanto de origen agrario como de la pesca, el marisqueo o la acuicultura- que quieran adherirse y conseguir una carta de artesano deben usar materias primas de calidad y con procedencia acreditada de estructuras tradicionales del rural y litoral, creados manualmente -aunque se admiten medios automatizados en algunas fases- y sin potenciadores del sabor, colorantes, grasas trans o adictivos artificiales -salvo los imprescindibles- y sin exceder los límites fijados. Incluso empresas de mayor volumen que realizan un proceso de fabricación automatizado tienen la posibilidad de etiquetar bajo este paraguas a la parte de producción que se haga de manera artesanal.

Los interesados deben justificar un mínimo de tres años de experiencia en la actividad o de un año, pero en este caso con la obligación de realizar un curso de formación de más de 250 horas. La comercialización debe realizarse en venta directa al consumidor con un único intermediario. Para regular precisamente esa venta, la Xunta ya aprobó en octubre de 2014 el decreto que obligaba a los interesados en la venta directa de productos agroalimentarios de su explotación en ferias locales o tiendas a regularizar su actividad a inscribirse en el Registro de Explotaciones Agrarias (Reaga) para garantizar el origen de la mercancía.

¿Y qué actividades artesanales alimentarias incluye el decreto? Las dedicadas a la elaboración de derivados lácteos como quesos, yogures, mantequilla e incluso helados y cárnicos como los embutidos; procedentes de la pesca, la acuicultura y del marisqueo; conservas, salazones, ahumados y desecados productos vitivinícolas o bebidas como sidra, cerveza, licores y aguardientes; conservas de frutas y verduras; zumos; mermeladas; alimentos transformados de origen vegetal como purés o frituras de patata; miel y productos apícolas como el aguamiel; artículos de panadería y pastelería, harinas, chocolate y derivados del cacao; vegetales para infusiones o condimentos;aceite de oliva y hasta caracoles. Destaca la particularidad de los lácteos tradicionales que, como excepción, tendrán dos años desde la entrada en vigor de la norma para tramitar su inscripción.

Con el objetivo de preservar las empresas artesanales alimentarias que elaboran productos de forma tradicional frente a métodos modernos de producción en masa y además visibilizar la participación activa de las mujeres, el futuro decreto reconocerá los términos artesano, artesano de casa, artesano casero y artesano de montaña, éste último para avalar a los artículos procedentes de estas áreas catalogadas. Los beneficiarios también podrán favorecerse de las campañas de promoción, tanto institucionales como en ferias, y de las ayudas de la Xunta para este tipo de actividad o acceder a los negocios de la Rede de comercio rural galego.

Recibir la carta de artesano implica algunos costes y pasar trámites burocráticos, entre ellos, abonar el pago de los controles a la Axencia Galega de Calidade Alimentaria y las tasas de inscripción en el Rexistro da Artesanía para su renovación, ya que tiene un periodo de vigencia de cinco años. Además, se debe presentar una declaración responsable a a la Agacal, un informe de vida laboral que acredite los tres años de experiencia o los cursos de formación que la completen si es inferior. Como documentación complementaria hay que entregar una memoria explicativa que incluya los productos que se elaborarán de forma artesanal, la procedencia y el manejo de las materias primas, el consumo anual, la cantidad de aditivos, los procesos productivos -manuales y partes mecanizadas-, el sistema de trazabilidad para controlar la calidad del proceso , la marca comercial, el boceto de la etiqueta, los canales y el área de venta -que en todo caso debe restringirse al mercado local gallego- el plano de las instalaciones y el justificante de pago de tasas. Las microempresas además deberán adjuntar el IRPF del último ejercicio fiscal, mientras que las granjas tendrán que especificar el código Reaga de la explotación y señalar la situación, la superficie, los cultivos, el número de cabezas de ganado y la producción anual.

La Agacal se encargará de controlar que los adscritos cumplen el decreto a través de auditorías. Las empresas artesanales amparadas por esta marca deberán contar con métodos que permitan controlar la calidad de las materias primas, el proceso y el producto final. Por eso, tendrán que llevar una contabilidad específica con un registro de entradas y salidas de mercancía y de clientes, junto con la fecha de producción y elaboración y el tiempo de curación. Las irregularidades detectadas en las auditorías pueden llevar a la suspensión del uso de los distintivos de la artesanía alimentaria, aunque el decreto no contempla sanciones.

Para fomentar, proteger, promocionar y comercializar a este sector, y en el marco de este decreto, se creará el Consello Galego da Artesanía Alimentaria, en el que las tres portavocías recaerán en asociaciones artesanales alimentarias.

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