ANTARES PÉREZ | ARTEIXO
Primero fue expropiada. Los años no perdonaron a la Iglesia de San Esteban de Morás. Como tantos otros vecinos de Arteixo, el templo tuvo que ceder parte de sus terrenos a la Xunta para facilitar la construcción del parque industrial llamado a convertirse en el más grande de Galicia.
El Arzobispado de Santiago cedió, en total, 13.825 metros cuadrados a Xestur. Fue la primera donación a unas obras que traen de cabeza a los residentes de su parroquia. Ahora, este templo románico y su camposanto han sido incluidos por las empresas encargadas de las obras en el protocolo de grietas. Se trata, en principio, de una medida de precaución ante los posibles daños ocasionados por las voladuras.
San Esteban de Morás no es el único elemento patrimonial amenazado por las obras del polígono industrial. La vía proyectada en Loureda, y que según el documento de inicio del plan general discurriría por la zona del Iglesario, ha sembrado el malestar y la preocupación de los residentes.
Tanto es así, que sus vecinos de y los de Morás barajan constituir una plataforma para defender los intereses frente a los de la Xunta. No todos comparten las mismas preocupaciones. De un lado están los afectados por las voladuras, que exigen que se amplíe el protocolo de grietas a todas las zonas amenazadas por las obras. De otro, los que exigen contraprestaciones, especialmente laborales.
Y por último, los vecinos que exigen mayor planificación a las administraciones implicadas. Como la agrupación San Esteban de Morás, que incide en la necesidad de prever el colapso viario que generará el parque industrial, así como los problemas de abastecimiento derivados de su actividad.