NURIA RODRÍGUEZ | SADA
Un año después de que la Xunta declarase Bien de Interés Cultural (BIC) el Pazo de Meirás, parece que su apertura al público está un poco más cerca. El director xeral de Patrimonio, José Manuel Rey Pichel, informó ayer de que la familia Franco ya no se opone "frontalmente" a que el inmueble sea visitado. Es más, aseguró que la Xunta y los Franco han llegado ya a acuerdos sobre los itinerarios de las visitas, unas rutas que excluirán las zonas privadas del pazo. No sucederá lo mismo con el jardín, la biblioteca y las plantas baja y primera.
En declaraciones a Radio Coruña Rey Pichel indicó que su departamento negocia desde el pasado mes de octubre con los representantes legales de los Franco para que éstos cumplan con su obligación de abrir el pazo al público durante cuatro días al mes. El representante autonómico asegura que si esta circunstancia no se da este año, el Gobierno gallego recurrirá de nuevo a los tribunales, como ya hizo para lograr que los técnicos de Patrimonio pudiesen visitar el interior del pazo y respaldar así con documentación su declaración como Bien de Interés Cultural.
Los propietarios del inmueble exigen a cambio que se extreme la seguridad durante las visitas. De hecho, uno de los motivos alegados por Carmen Franco Polo en el recurso por el que solicitó la suspensión cautelar de la declaración BIC fueron los gastos de vigilancia y seguro por accidentes que tendría que asumir para poder abrir al público el inmueble. La heredera de Francisco Franco también argumentó entonces que podrían existir "problemas de orden público ante una eventual manifestación de carácter político, o por la entrada de cualquier persona que aprovechara la ocasión para cometer algún acto vandálico o atentado". El Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG) rechazó hasta en dos ocasiones las pretensiones de la familia Franco, la última el pasado mes de septiembre.
El dictador se hizo con el Pazo de Meirás, situado en la parroquia sadense del mismo nombre, mediante suscripción popular. Tras la muerte de Emilia Pardo Bazán, las autoridades franquistas decidieron emplear ese método para regalarle a Franco las entonces llamadas Torres de Meirás. Los vecinos tuvieron que hacer todo tipo de aportaciones -dinero en metálico, tierras, piezas arqueológicas- para reunir el dinero para la compra. La operación incluyó todo el mobiliario del inmueble y la biblioteca creada durante años por Emilia Pardo Bazán. Las torres de Meirás se convirtieron así en el Pazo de Meirás, la que sería la residencia de verano del Caudillo y su familia durante 36 años.