ANA BLASCO | CULLEREDO
Por la ventana de la habitación de su hija, Purificación Rivera Catoira ve a tan solo doce metros uno de los once pilares que soportarán la entrada de la tercera ronda en el aeropuerto de Alvedro. Si esta vista ya impacta, los residentes en A Hermida temen lo que se les viene encima. Fomento ha expropiado y demolido una vivienda construida justo donde ahora se erige el pilar más cercano al aeródromo. Otras cuatro sentirán el paso de los coches sobre sus tejados.
"¿Quién quiere vivir debajo de un puente?", se pregunta Jorge López, que vive en el número 113 de la avenida de A Hermida. Las dos familias que habitan estas casas todo el año lo tienen claro: ellos, no. Por eso han solicitado a Fomento que expropie la totalidad de sus viviendas. La respuesta del Estado no ha sido la deseada.
La familia Rivera Catoira, que vive en A Hermida desde hace 19 años, ofreció tres opciones: una casa de similares condiciones a la que trasladarse, una expropiación total a precio de mercado o, en último caso, una indemnización que les compense por los trastornos que la infraestructura les va a ocasionar. "Tenemos miedo de lo que nos pueda caer desde ahí arriba, lo que los conductores puedan arrojar o mismo un coche que se salga de la vía", explican.
El Ministerio no ha accedido a sus pretensiones. "Sólo ha cogido lo que necesitaba -explica Manuel Catoira-, 720 metros de la parte de atrás de la casa con parte del garaje y el muro lateral". Ahora han dejado el caso en manos de sus abogados, pero no esperan poder resolverlo hasta dentro de dos o tres años, cuando se celebre el juicio.
Enfrente, Jorge López explica que su familia, de siete miembros, está en una situación similar. Fomento sólo ha expropiado 1.500 metros de su finca donde pretendían construir otra casa para los hijos. También han solicitado al Ministerio que compre a precios de mercado toda la parcela, con la construcción en la que residen y en la que tienen el taller de carpintería de aluminio del que viven. Todavía están esperando a que los técnicos estatales hagan una valoración del inmueble.
Los argumentos de los afectados no son pocos. Los 25 metros de servidumbre a cada lado de la nueva infraestructura viaria les impedirán hacer cualquier tipo de reforma en la casa sin pedir la correspondiente autorización: "Sólo para pintarla, cambiar las ventanas o las techumbres, tendrán que analizar nuestro caso", prevé Jorge López. El precio de las viviendas en el mercado se ha devaluado con las nuevas circunstancias y sospechan que no encontrarán nadie que quiera comprarlas.
Además, deberán soportar el ruido de la circulación y la sombra a la que les condena la plataforma que sobrevolará sus tejados. Los trastornos de las obras ya les afectan desde hace meses.
Purificación Rivera cuenta cómo, con los barrenos de las obras de ampliación de la zona de estacionamiento de aeronaves del aeropuerto, la vajilla de la casa ya temblaba en las alacenas. "Me cayó la tapa del horno, salieron grietas...", recuerda y explica que lo cubrió el seguro de la casa. Con el derrumbe de la casa vecina para la instalación de los pilares de la tercera ronda, las piedras entraban en su propiedad. Tras la instalación de la plataforma de la carretera todavía le esperan más obras en las inmediaciones de su casa: la ampliación de la pista de Alvedro.
Jorge López y su familia ya han plasmado sus quejas en numerosas denuncias ante el Ayuntamiento, la Policía Local, la Guardia Civil y otras administraciones implicadas.
Los residentes en el número 113 de A Hermida, desde finales de octubre de 2009, acudieron en repetidas ocasiones al Ayuntamiento y a la Policía para denunciar lo que ellos consideran un exceso en los niveles de ruido y solicitaron que se midieran para comprobar que no sobrepasaban, en el interior casa, los 45 decibelios de día y los 40 de noche. Sostienen que el Concello "no garantizó el bienestar de los vecinos durante las obras" en incumplimiento de lo que recoge la Ordenanza Municipal de Protección de Medio Ambiente, ya que no se midieron estas emisiones acústicas con los equipos adecuados. El edil de Medio Ambiente, Narciso Marzoa les respondió por escrito que se estaba "produciendo el ruido normal para este tipo de maquinaria" y añadió que las molestias "son puntuales en el tiempo y necesarias para la ejecución de la obra".
El Concello aseguró ayer que dio traslado a la empresa ejecutora de los trabajos para que hiciesen las mediciones y comunicaran los traslados a Fomento.
La contaminación de los numerosos acuíferos de la zona, de los que se sirven las casas, es otra de sus preocupaciones. Hasta dos denuncias presentó Jorge López ante Augas de Galicia en las que acusa a los operarios de malas prácticas. Asegura que utilizaban bombas de achique para evacuar las aguas estancadas al regato que pasa por su finca y que desemboca en el río Trabe, en Vilaboa. En la primera ocasión, la Xunta obligó a la empresa a construir una balsa. La segunda, retiraron la manguera antes de que pudieran llegar los inspectores. Además, Jorge López asegura que han unido la red de pluviales y fecales bajo una arqueta.