MARTA VILLAR | CULLEREDO
Cuando el aeropuerto de A Coruña crezca 400 metros reducirá su distancia de 50 kilómetros al aeródromo de Santiago. Para que la pista coruñesa se amplíe se precisa: desmantelar cinco montes; borrar del mapa todo un núcleo tradicional de viviendas; demoler 46 casas, una escuela infantil, una fábrica y una carpintería; y despedirse de 250 leiras, prados y huertas. El alcalde de Culleredo, Julio Sacristán, añade otro ingrediente: "Más de 130 camiones a la hora cada día atravesando el municipio, sin cubierta, generando polvo".
Estos son algunos de los datos y declaraciones de vecinos afectados, ecologistas y el alcalde cullerdense que figuran en tres vídeos de Facebook ( y que a diferencia del primero no les han censurado), la red social donde se mantiene abierta la lucha contra la ampliación que impulsa la plataforma vecinal constituida el pasado mes de abril.
"Van a desaparecer cinco montes: San Miguel, O Picoto, Rus, Costa y Coto de Fontemaior. En dos años se moverán 4,5 millones de metros cúbicos de tierra, sedimentos y partículas que irán a la red fluvial y llegarán a la ría de O Burgo y causará una gran mortandad en el marisco. Habrá un cambio en el clima en este valle, hará más frío, será una pérdida paisajística, social y cultural", advierte un afectado y miembro de una asociación ecologista. El alcalde coincide en que las obras cambiarán para siempre la orografía de la zona. " Se desmantelarán montes y se llenará un valle. Cambiará la configuración absoluta de la parroquia de San Esteban", subraya.
"Da la sensación de ser víctimas de unas batallas políticas que no deberían de afectarnos, la ampliación es una bandera política que tienen algunos en A Coruña entre políticos y algún gerifalte de un medio de comunicación, que ya no piensan en los beneficios de la ampliación sino que es una finalidad en sí", explica en un vídeo un cullerdense desde su vivienda casi a pie de pista y con el ruido de los aviones de fondo.
El ruido sobre los residentes en las casas más cercanas es constante desde las siete de la mañana hasta las once de la noche. "El ruido es un monstruo con el que convivimos, lo que más rabia nos da es que quieran seguir alimentando el monstruo", añade este afectado.
Casi en la misma zona, en una colina cercana, un vecino de edad avanzada, deja muy clara su opinión. "Es un atraco a mano armada. Yo trabajé 48 años en O Burgo, a pie ría arriba ría abajo para esta casa y que ahora vengan cuatro cantamañanas que porque les salga de las narices a unos la ampliación vengan y te lleven la casa...". Otro residente en los alrededores de Alvedro manifiesta: "Destrozan una parroquia, desgracian un pueblo y para nada porque estirar la pista 400 metros poco va a aportar en funcionalidad y operatividad, ya lo han dicho los técnicos".
"Esta gente que perderá sus casas no sirve para ir a un piso, los llevas a la tumba", afirma otro. Los afectados se sienten impotentes porque saben que los habitantes de A Coruña y otros concellos no se ponen en su lugar. "Tenemos difícil traer a los coruñeses aquí y mostrar lo que supondría. Leyendo las maravillas de la ampliación que cuentan algunos y que si no se amplía A Coruña va a morir, eso va calando en la gente", afirma con tristeza. Los alrededor de 130 trabajadores de la fábrica Grafoplast también están preocupados por su futuro. "Tenemos la incertidumbre de qué pasará", dice un empleado.
La ampliación de Alvedro no sólo afectará a los vecinos, a su calidad de vida y al paisaje sino también al patrimonio histórico. La nueva cabecera de la pista finalizará en un talud de cuarenta metros que quedará a unos 150 metros de la Casa Consistorial y la iglesia de San Esteban, del siglo XII, uno de los elementos catalogados y protegidos, al igual que dos pazos cercanos.
El sacerdote de la parroquia de San Esteban, Manuel Domínguez, apela al "sentido común" en su apoyo a los residentes afectados. "Mirando el bien que puedan traer 400 metros más de pista, llevándose por delante toda una barriada de la parroquia, me parece un disparate. Cuando hay un bien común hay que mirar lo que se hace", declara Don Manuel en Facebook.
Los cullerdenses de más edad aún tienen grabado a fuego cuando se expropió para construir el aeropuerto y después, entre 1986 y 1987, cuando se ampliaron las cabeceras sur y norte. "Había muchísima gente en contra, hubo un follón en el Monte Costa cuando se iban a ocupar los terrenos", dice el párroco. También Julio Sacristán recuerda lo que supuso aquella primera ampliación.
"Cuando el aeropuerto se configuró se eliminó el mejor valle y el más productivo que había en Cullleredo, se generaron muchos problemas y tensiones en las familias propietarias y éste proyecto superará con creces el daño a la parroquia. Si no se modifican los criterios de rentabilidad de los aeropuertos creemos que es enterrar el dinero, y nunca mejor dicho, porque nos van a enterrar", concluye Sacristán.