MARTA VILLAR | OLEIROS
Las primeras denuncias se presentaron en 1986 y 26 años después por fin Ayuntamiento y denunciantes han llegado a un acuerdo para solventar uno de los líos urbanísticos más longevos de la historia de Oleiros: Casa Sara, construida hace más de treinta años, queda definitivamente legalizada. El Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG) ha aceptado el incidente de inejecución de la sentencia de demolición de los tejados de estos edificios en Santa Cristina presentada por el Concello el año pasado.
En la resolución también ha influido que las dos partes han llegado a un acuerdo: el Ayuntamiento abonará una indemnización de 1,2 millones de euros a los herederos de los dos vecinos que presentaron las denuncias contra esta construcción en 1987, José Yordi de Carricarte y Julián Trincado Settier.
El alcalde, Ángel García Seoane, anunció ayer que ahora negocia con estos herederos la forma de pago. El regidor rechaza solicitar un crédito para abonar la indemnización y tampoco quiere pagarla a plazos sino "este mes". Por eso ha planteado a las familias Trincado y Yordi el pago en edificabilidad en futuros desarrollos urbanísticos, una oferta que ahora valoran. El regidor aseguró que si se hubiese demolido, este coste junto con el pago de hotel a los vecinos y el almacenaje de muebles durante las obras, costaría 3 millones de euros.
Seoane destacó el alivio que supone el fin de este problema para las 56 familias que viven en estos bloques al final de la playa de Santa Cristina pues desde la primera sentencia en 1990 tenían como carga de sus pisos la orden de demolición de los tejados (lo que les impedía posibles ventas). El Gobierno local concedió el pasado 24 de mayo de 2011 una licencia para legalizar el tejado de estos edificios al amparo del Plan Xeral de Ordenación Municipal (PXOM) de 2009.
Los tribunales que ordenaron la demolición destacaron que se pudo hacer entonces una "solución más integrada y acorde" y también "acomodada al plan", en referencia a la enorme cubierta de los edificios. El Tribunal Superior, en un auto emitido el pasado 13 de enero, no niega que en su día se vulnerase la normativa sino que destaca que esta zona de Santa Cristina treinta años después ya tiene una "nueva realidad" fruto del desarrollo urbanístico "ordenado" por lo que la "legalización" ya no "merece considerarse como inaceptablemente discordante". Es decir, que tantos años de sucesivos recursos y demoras en la ejecución de la demolición han permitido que este entorno se urbanizase y ahora Casa Sara ya no desentona con el entorno y ejecutar el derribo no sería "racional" porque sería para volver a hacer el mismo tejado, que ahora permite el plan general, y se produciría un daño mayor que el que se intentaba reparar.
El TSXG en 1990 y luego el Supremo en 1996 admitieron los recursos contenciosos presentados por Yordi Carricarte y Trincado Settier contra los acuerdos del Concello de aprobación del estudio de detalle y la licencia de construcción de Casa Sara al considerar que no fue "ajustado al ordenamiento jurídico en lo tocante a la altura, disposición y traza de los tejados" y ordenó la demolición de la cubierta para ejecutar otra acorde con el ordenamiento y el entorno.
Los denunciantes perdieron vistas sobre la ría con esta construcción pero en su denuncia invocaron un precepto en el que los magistrados les dieron la razón: el edificio vulneró el artículo 73 del texto refundido de la Ley del Suelo de 1976 que obligaba a las edificaciones a adaptarse "en lo básico al ambiente en que estuviesen situadas" y en lugares de paisaje natural y abierto se prohibía que su "situación, masa, altura de los edificios" u otros elementos limitasen "el campo visual para contemplar las bellezas naturales, rompa la armonía del paisaje o desfigure la perspectiva propia".
Este precepto sigue vigente hoy en día (normas de aplicación directa de la ley del suelo gallega y a nivel estatal la ley del suelo de 2008).
La altura desmesurada del bajo cubierta de Casa Sara fue el motivo fundamental de la denuncia. Los dos vecinos afirmaron incluso que el edificio era de bajo y tres plantas pero algunos residentes comunicaron por dentro el tercer piso con el bajo cubierta, que en teoría sólo era para trasteros.