A.P. | CESURAS
Responsables autonómicos de todas las siglas han posado junto al edificio más emblemático de Cesuras. Siglas aparte, unos y otros han expresado su pesar por el lamentable estado de un edificio singular, diseñado por el autor de edificios como Kiosko Alfonso, Casa Molina o las Escuelas García Naveira. El legado de Antonio González Villar, destaca en otros municipios como A Coruña o Betanzos pero languidece en Cesuras.
La delegada provincial, Belén do Campo, desafío ayer el frío para darse un paseó junto al alcalde, Julián Lucas, por el frondoso parque de 8,2 hectáreas que alberga este sanatorio de tuberculosos que no llegó a acoger nunca a un enfermo. La responsable autonómica alabó la "gran riqueza ambiental" del entorno, y escuchó con atención los proyectos del alcalde, que reclama fondos para salvar de la ruina su edificio más emblemático y poder rehabilitarlo para usos dotacionales y turísticos. Como en anteriores ocasiones, la respuesta de la Xunta, cargada de buenas intenciones, resulta imprecisa. Belén do Campo se comprometió a "estudiar todas las propuestas" del Ayuntamiento y "darles respuesta en el menor plazo de tiempo posible" y ofreció "la máxima colaboración y diálogo" al alcalde.
Buenos propósitos pero insuficientes para un inmueble que lleva años en la lista roja de patrimonio y amenazado por el derrumbe. Solo conserva la fachada y los muros interiores. Escaleras y techumbres están prácticamente derruidas. Un estado que nadie presagiaba el día de la colocación de su primera piedra. Un acto que congregó a autoridades eclesiásticas y políticas y se vivió en Cesuras como un día de fiesta.