A CORUÑA

Réquiem por el patrimonio cultural de la comarca de As Mariñas

Dos historiadores publican un exhaustivo estudio de las ermitas desaparecidas de la comarca. Gran parte de sus imágenes, retablos y sepulcros se han desvanecido

05.10.2015 | 09:21

Las hubo que tañeron por última vez sus campanas entre una honda indignación vecinal, como la de San Pedro de Fiz, en Vixoi, de la que el párroco tuvo que huir escoltado por seis vecinos armados con hachas para poder trasladar el sagrario. La caída en desgracia de otras marcó el final de ferias con hondo arraigo, como la del oito, en Aranga, que celebró su última cita el día en que sucumbió el tejado de ermita de Nosa Señora das Flores.

Son algunas de las microhistorias que marcaron el final de más de cien ermitas de la comarca de As Mariñas que los historiadores Xosé María Veiga Ferreira y Juan Sobrino Ceballos rescatan del olvido en un estudio publicado por el Anuario Brigantino. Años de investigación, de recoger testimonios y consultar documentos y escrituras, han permitido a los s autores dibujar un mapa de ausencias, punteado con las coordenadas de antiguos templos que durante años marcaron las horas de las aldeas de la comarca de As Mariñas.

La mayor parte eran pequeñas capillas, propiedad de vecinos o de fundaciones, dejaron un rastro en el Archivo Diocesano y en la memoria oral de las aldeas. Algunas todavía conservan en pie sus muros, prácticamente ocultos por las maleza. Otras, dejaron tras de sí imágenes y pinturas que reciben ahora las ofrendas de los feligreses de otras parroquias.

En muchos casos, desaparecieron con ellas sus retablos e imágenes, como la de San Roque, derruida en 1983 para ocupar su lugar un banco. Sus retablos fueron desmontados y aún hoy se ignora su paradero. O el sarcófago antropomorfo hallado en la ermita de San Bartolomeu, en Cambás, que tras servir durante años para "dar de beber al ganado" fue vendido por "50.000 pesetas" y desapreció sin dejar ni rastro. Similar destino tuvo una pequeña figura de San Cremenzo que hasta finales del pasado siglo "andaba de casa en casa" en Vilamateo.

Hay capillas que sobreviven con una finalidad muy distinta a la que las puso en pie, como la de Santa Ana, en Bañobre, cuya fachada sirve ahora de muro a una casa; o la de San Xosé e San Antonio, en Ambroa, que la familia propietaria utiliza actualmente como bodega.

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