ARTEIXO

El petroglifo que se salvó de Fomento

La asociación Monte da Estrela impidió que las obras de acceso al puerto de Langosteira se llevasen por delante una piedra con un grabado del pequeño lugar de Borroa, en Pastoriza

09.12.2015 | 01:51
Xurxo Couto, en el lugar donde encontró el petroglifo.

Cinco años después los caminos del petroglifo de Borroa y Fomento se vuelven a cruzar. Lo hacen en el estudio sobre el enlace de Meicende, donde el departamento estatal advierte de la afección "crítica" a esta piedra. Pero lo hace solo en el papel porque el petroglifo hace un lustro que se salvó de la construcción de la autovía de acceso al puerto de Langosteira. Entonces la Dirección Xeral de Patrimonio lo trasladó al museo del castillo de San Antón, en A Coruña. Así lo recuerda uno de los integrantes de la asociación cultural Monte da Estrela, Xurxo Couto, que fue uno de los que lo salvó de las obras de este vial.

"Era una piedra que formaba parte de un cierre y había riesgo de que se la llevasen en cualquier momento", explica el antiguo integrante de Monte da Estrela. La entidad, en 2010, la formaban cinco personas, que se enteraron de la existencia de este petroglifo tras la publicación de un informe del Ministerio de Fomento sobre la autovía de Langosteira, que hoy ya casi está acabada.

El lugar de Borroa, que pertenece a la parroquia de Pastoriza y está casi al lado de Nostián, está en un enclave asediado entre la refinería de Bens y el vial de la dársena de Langosteira. Desde lo ocurrido, Xurxo Couto no regresó a este pequeño núcleo de Borroa, donde todavía hay personas que llevan su ropa al lavadero desde que encontraron el petroglifo. Apenas reconoce el camino por el que llegaron la primera vez tras la obras que Fomento ha realizado en toda la zona. Ahora el lugar donde estaba la piedra lo ocupa un camino de tierra que bordea la autovía del puerto.

Patrimonio trasladó el petroglifo en apenas dos meses desde que Monte da Estrela denunciase su mal estado. Couto asegura que la junta directiva de la entidad llegó a Borroa sin saber el lugar en el que se encontraba exactamente. "Nos lo dijo un chico", indica el integrante de la asociación. Lo encontraron y vieron que era "factible" que cualquiera se lo pudiera llevar de allí.

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