OLEIROS

Marta Bobo: "No cambiaría la vida que tengo por haber tenido medalla en los Juegos Olímpicos"

"La gimnasia rítmica me ha abierto muchas puertas, pero también tienes que trabajar y ser inteligente y formarte, tener unos estudios"

17.01.2016 | 18:05
Marta Bobo: "No cambiaría la vida que tengo por haber tenido medalla en los Juegos Olímpicos"

La imagen de una niña de coleta rubia que hacía magia con la pelota o la cinta sobre el tapiz está aún indeleble en la mente de muchas generaciones de españoles y generó centenares de vocaciones al salir por televisión en los años ochenta y fue el germen del nivel de este deporte en España. Fue Campeona de España en 1981 y 1983 e hizo historia como la gallega que entró en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1984, donde aunque quedó novena por un sospechoso aire acondicionado que solo se encendía cuando le tocaba el turno a favoritas como ella y se apagaba cuando salían las norteamericanas, para muchos fue la vencedora moral de aquella cita. Marta Bobo (Ourense, 1966) lleva hoy una vida alejada de los focos, con sus clases en el INEF de Bastiagueiro donde enseña Expresión Corporal y Danza desde hace más de veinte años, tiempo que lleva viviendo en Oleiros. Al hablar, una manga se baja y asoma por su antebrazo izquierdo una larga y fina cicatriz.

-Es paradójico, mi lesión más grave no tiene que ver con mi carrera, fue una caída tontísima en bicicleta. Me fracturé el cúbito y radio y tuvieron que ponerme una placa con seis tornillos. Como deportista de élite te machacas el cuerpo pero lesiones solo tengo una espondilolisis en la quinta vértebra lumbar que está controlada y el ligamento lateral del tobillo derecho que está fracturado, pero no me impiden una vida normal.

-Marta Bobo, profesora en el INEF y exgimnasta de élite, es también alumna en la escuela municipal de danza de Oleiros.

-Sí, procuro ir dos veces a la semana a una clase de adultos porque toda mi vida me gustará la danza, mover el cuerpo, para liberar tensión, para sentirte mejor, para expresarse. Todo el movimiento es mi pasión, la gimnasia rítmica pero también la danza, el patinaje, la natación... Me encanta hacer esquí, la bicicleta...

-¿Aún tiene la espinita de no haber conseguido medalla en los Juegos Olímpicos del 84?

-Si me preguntas si eso ha frustrado el resto de mi vida, la respuesta es no. Es más, quizá me ha abierto más oportunidad. Tuve que superar un bache muy grande, lloré muchísimo, amargamente, pero no por perder la medalla sino porque no puede enseñar mi ejercicio. El primer día, con los ejercicios de aro y pelota, yo iba primera. Pero ya vi que casualmente con las favoritas se encendía el aire acondicionado y con las americanas y canadienses no, y pedía ayuda, pedí que bajasen el volumen, pero me dijeron que no se podía. Cuando hice el ejercicio de cinta yo solo luchaba para que despegarla del cuerpo, no sabía dónde caería al tirarla... Era imposible. Yo quería enseñar el ejercicio como sabía hacerlo pero no pude por esa circunstancia y eso me dolió muchísimo. Pero entre haber tenido medalla olímpica y tener la vida que tengo ahora, prefiero esto último. Lo grave sería no tener éxito en tu propia vida.

-Un documental de TVE, Del podio al olvido, mostró la dura vida de los deportistas de élite cuando se retiran, sus problemas para encontrar trabajo porque no tenían estudios, su falta de adaptación a la vida corriente...

-En mi caso mis padres siempre velaron porque no abandonara los estudios. Muchas abandonaron pero yo creo que un deportista de élite tiene que ser inteligente y de grandes notas. Fue muy difícil compatibilizar estudios y carrera. Y porque la propia Federación Española de Gimnasia Rítmica me dijo que dejara los estudios para competir y perdí un curso. Nunca dejé los estudios, siempre estuve formándome y no tuve ese problema que tuvieron muchos deportistas, sí noté más el cambio físico, pasar de entrenar ocho horas al día a no tener que entrenar, ni hacer lo que te decía alguien sino tomar tú tus decisiones.

-Ha comentado alguna vez cómo la federación, digamos, la boicoteó, querían mandar a otra a los Juegos... ¿Había mucha política en el deporte?

-Es muy difícil separar la política y los intereses del deporte. Hay mucho dinero invertido, la propia federación necesita apoyos... Pero también pasa hoy, mira lo que sucedió con el entrenador Benítez.

-La federación dejó de contar con usted y se fue a Canadá.

-Me fui un mes invitada por el ministro de Deporte a hacer exhibiciones para promocionar este deporte allí y luego ya me quedé, estudié allí la licenciatura de Educación Física y Salud, me formé como entrenadora y como juez y seguí compitiendo también. Estuve a punto de quedarme pero en 1991 el Gobierno gallego me llamaron, querían hacer un centro de alto rendimiento, que al final no fue posible e iba a regresar pero el INEF acababa de empezar, me pidieron dar un cuatrimestre y en el 92 ya saqué la plaza.

-¿Se sintió más valorada en Canadá que en España?

-Totalmente, más apreciada, reconocida y valorada que aquí.

-Empezó en la gimnasia rítmica con 8 años, a los 13 se fue sola a Madrid, a los 15 ya participó y ganó su primer Campeonato de España. ¿Cree que perdió algo de su infancia?

-No, creo que no perdí nada. Creas otros vínculos, con los compañeros de estudios, con otras gimnastas, sí que no tenía tiempo libre ni vida social. La decisión de dejar a mi familia, tuve muchísima morriña, pero también aprendí a ser autónoma e independiente, maduras antes. El deporte siempre me ha dado oportunidades, pero tienes que arriesgar y sobre todo tienes que trabajar, entrenar, formarte. Fue una etapa bonita, aunque de mucho trabajo. La gimnasia rítmica me ha abierto muchísimas puertas. El deporte de competición te enseña lo que es el esfuerzo, la perseverancia, el sacrificio. Hoy día a los jóvenes se lo dan todo hecho.

-Marta Bobo tiene relevo: sus hijas hacen gimnasia rítmica.

-Candela, de 10 años, está muy enganchada. Me acompañaba a las competiciones. Yo en un determinado momento la saqué... tenía miedo, hoy para llegar al máximo nivel es mucho más difícil. Pero quiso volver y está en el Acordes de Oleiros. He coincidido como juez con ella en competiciones y en ese caso me ausento en la votación aunque yo sería más estricta incluso. La otra, Paula, de 8, tiene otra constitución, aunque hace gimnasia es más de recreación, le gusta el atletismo, pinta muy bien, hace baile gallego... Yo, una compañera Elena y su hermana, fundamos Acordes en Ferrol y una alumna mía, Rebeca Freire, se quedó luego con Acordes Oleiros. Con ella están teniendo logros muy importantes, tiene dos equipos, el infantil y el alevín que están entre los ocho o diez más importantes de España. En Galicia hay un auge en gimnasia rítmica pero faltan instalaciones, técnicos y apoyos. El Acordes tiene ocho entrenadoras y unas 130 niñas y en la escuela de Danza municipal hay lista de espera.

-Si su hija quiere dedicarse en serio a la gimnasia rítmica, ¿la dejaría marcharse, como usted, con solo 13 años?

-Si tiene esa ilusión, cómo voy a cerrarle yo las puertas si a mí me lo permitieron mis padres. Si es su decisión, es un compromiso de ella. Pero eso sí, los estudios siempre acompañando.

-¿Aún la reconocen cuando dice su nombre?

-Sí. Las madres me dicen que mi hija es igualita a mí de pequeña. Otros me dicen que tenían un póster mío, que me han visto en vídeos de campeonatos en YouTube...

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