Chaveiros, los reyes del compañerismo

Los tres equipos de Oleiros y uno invitado de Cambre, participan en el XXVIII Trofeo del Concello, demostrando que este deporte aún tiene tirón

25.09.2017 | 12:36
Jugadores que participaron ayer en el Trofeo de Oleiros (más la esposa del presidente del Novachave), en el campo de Perillo.

Yago López, de 30 años, trabaja por la noche pero ayer a las once de la mañana, de reenganche, estaba jugando en plena forma en el campo de chave de Perillo, donde se disputó el XXVIII Trofeo Concello de Oleiros, en el que participaron los tres equipos que aún existen en el municipio: el SR Perillo, O Peio de Santa Cruz-Tribisqueira y el Nova Chave de Oleiros, además de A Coutelana de O Temple (Cambre), equipo invitado. El trofeo se lo llevó el Santa Cruz, pero eso fue lo de menos. Todos coinciden en asegurar que son chaveiros "por el ambiente", "por el compañerismo".

"Conoces gentes, te relacionadas, no importa quién gane o quien pierda. Todos nos llevamos estupendamente y venir a jugar el domingo te desestresa", cuenta Emilio, del SR Perillo, jugador desde hace veinte años.

"Somos un grupo de amigos que nos juntamos, lo pasamos bien, conocemos gente, salimos fuera a jugar contra otros equipos, disfrutas", destaca otro de los jóvenes, Javier Martín, de 37 años. Él y Yago demuestran que la chave no es una actividad solo para mayores. Javier, que al trabajar en hostelería también se acuesta tarde, lleva desde los 22 años jugando y forma parte del equipo del Santa Cruz, donde lleva aún más años Miguel, su padre, un veterano chaveiro conocido por su certera puntería. "Yo llevo unos treinta años practicando, primero en Lorbé después en San Pedro y ahora aquí. Empecé como hobby, intenté dejarlo pero es imposible, llega el domingo y ya tengo que ir", cuenta Alfonso Seoane.

La chave, juego similar a la herradura, hoy casi desaparecida, es un juego centenario que al parecer nació en localidades ferroviarias aprovechando la llave de las vías. Los jugadores lanzan un pello, una ficha de hierro, circular, que puede pesar desde unos 300 gramos hasta el kilo, a una distancia de 14 metros y tienen que echar abajo la chave, una pieza también de hierro, que está encima de un cepo dentro de un cajón forrado de caucho. "Tienes que tumbar la llave directamente, el pello no puede tocar el suelo", explica Alfonso. Si la chave no cae o lo hace después de rebotar contra el cajón, no hay punto.

Cada jugador lanza cuatro pellos. Si tumba sus cuatro llaves, hace un pleno y todos los equipos le aplauden, en ejemplo de deportividad y admiración por el buen juego. Cuando un equipo juega en casa, invita al equipo contrario a un pincho.

En estos torneos hay un juez anotador y cada jugador se turna para estar junto al cajón y recoger los pellos y colocar de nuevo las chaves caídas, nadie es más que nadie. Los jugadores también se turnan para limpiar con un paño los pellos, sucios de caer al suelo. Estas piezas circulares las guardan en recipientes caseros, botes redondos de metal a los que les han añadido una correa. Los pellos hay que hacerlos por encargo. Algunos de los que se lanzaron ayer fueron hechos en la Fábrica de Armas de A Coruña. Casi todos los domingos hay competición de liga, además de disputar torneos como el de ayer. Se llevan premios al mejor equipo y también al mejor chaveiro.

El campo de chave de Nós se va a eliminar al igual que el de Lorbé por falta de uso, y hasta hace poco había otro club en Oleiros. Pero este juego aún tiene tirón en el municipio. "Los jóvenes no les atrae esto, también es que si salen el sábado no están para jugar el domingo por la mañana. Sí engancha si lo han vivido en su casa", señala un jugador del equipo invitado, el de O Temple. "En mi casa jugaba mi padre y mi abuelo, yo iba a verlos y juego desde los 10 años, aunque con ficha desde los 16. Me gusta por el ambiente que hay", señala Yago López, que en una ocasión recibió el impacto de un pello en un hombro, aunque señala que este tipo de accidentes son raros.

Al torneo de ayer no faltó José Luis Pego, de 77 años, que por salud no puede jugar pero que no falta un domingo. Fue uno de los fundadores de la peña O Peio, además de ser ahora su secretario y tesorero y fundador también de la Hermandad. "Yo sigo porque si lo dejo tengo miedo de que se deshaga esto", subraya este veterano que empezó a lanzar en 1979. "El compañerismo es lo que más me gusta. Si no fuese por esto, muchos no tendríamos contacto entre nosotros", añade. Los patrocinadores son una ayuda importante para estos clubes.

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