ANTÓN LUACES
No sólo en Dinamarca: también en el puerto de A Coruña hubo (¿hay?) malos olores. Quedan, todavía, los efluvios de unas diarreas de circunstancias sobrevenidas para algunas personas del hecho de que, hace cinco años, se hubiera producido la liberación del buque libanés DT Spiridon, acusado por un sagaz marino al servicio de la Dirección General de la Marina Mercante de haber efectuado un vertido de hidrocarburos al mar el 23 de agosto de 2003 cuando de lo que se trataba, en realidad, era de detritus o residuos orgánicos -popularmente, mierda, cagadas y meadas- del ganado que dicho buque había transportado. Casi un año después, el 28 de julio de 2004, el DT Spiridon dejaba atrás la jaula del puerto coruñés y su capitán, Ahmad Bayazid, perdía de vista la Torre de Hércules, hoy patrimonio de la Humanidad.
Para lograr la liberación del buque habían trabajado a fondo los diputados del BNG Francisco Rodríguez (portavoz de los nacionalistas gallegos en el Congreso) y Bieito Lobeira, portavoz para asuntos de Pesca de la misma formación política en la Cámara Autonómica. Lo hizo también la Autoridad Portuaria de A Coruña y, desde Madrid, un hombre al que hoy tenemos que referirnos como "cesante" al frente de la Dirección General de la Marina Mercante: Felipe Martínez. Fruto de aquel trabajo vino el reconocimiento de los profesionales de la marina mercante española, ansiosos de dar un buen chapuzón en las aguas presuntamente "contaminadas" por las vacas del Spiridon al denunciante del falso sentinazo, y que se libró de toda culpa posiblemente por su eficaz tarea en el combate con el Prestige, verdadero trampolín para varios responsables que, más que aprovechar el salto a puestos de responsabilidad superior en el estamento oficial de la Marina Mercante, merecían perder, como mínimo, su libreta de navegación para que, una vez abandonen los cargos oficiales, no puedan volver a mandar un buque.
Hace cuatro años, otros profesionales -estos verdaderamente concienciados del daño que se estaba haciendo a su reconocimiento internacional- pedían que el expediente informativo abierto por el "caso" Spiridon llevase a la Justicia a reparar los daños morales y económicos causados al armador y al capitán del buque y que se sancionara de forma ejemplar a los responsables de "tan flagrante atropello" (para el que nunca aportaron pruebas contrastadas). Entonces, escarmentados al parecer de lo que habían hecho, intentaban encontrar culpables en cualquier caso, además de haber estigmatizado a Apostolos Mangouras, capitán que fue del petrolero Prestige. Y así surgió el vertido imaginario.
Aquellos marinos profesionales reconocen hoy -y nunca es tarde para hacerlo- que, a pesar de haber pedido varias veces el cese del director general de la Marina Mercante, "los inicios y actuaciones -de Felipe Martínez- fueron excelentes".
Del famoso "ojeador" o "veedor" de poluciones marinas como del Pobre Fernández de El Zorro, no se puede decir el popular "nunca más se supo" porque sigue su propia estela, pero esta huele y no precisamente a hidrocarburos varios.