P. PIÑEIRO | VIGO
Las dos parejas de arrastreros y cuatro bous que conforman en la actualidad la menguante flota bacaladera española, en su mayor parte con su puerto base o de descarga en Galicia, están a punto de dar por concluida su campaña anual en las frías aguas de Noruega y el archipiélago nórdico de Svalbard. Y lo hacen con la desazón de ver cómo los precios de primera venta han caído tanto que hacen temer por la rentabilidad de la actividad.
Algunos de los buques han descargado ya sus bodegas en los frigoríficos y ya están amarrados a puerto. Es el caso de la pareja formada por los Arosa Catorce y Arosa Quince, alquilados por la armadora gallega Pesquera Áncora a la sociedad vasca Velaspex, de Pasajes.
Otros, como la pareja integrada por los Arosa Doce y Arosa Nueve llegaron a Galicia el pasado sábado y durante esta semana han procedido al vaciado de sus bodegas. Mientras, la mayor parte de los bous han concluido también la campaña o lo harán en próximos días.
La flota vive el fin de la pesquería con enojo por la caída de los precios en primera venta. Y es que la cotización del bacalao ha caído en picado, en una tendencia que ya se inició el pasado año pero que en el actual ejercicio se ha agudizado.
Tanto, que desde el sector se asegura que esta campaña la cotización del bacalao es ahora la mitad de la que alcanzaba hace sólo dos años y ello compromete "muy seriamente la rentabilidad" de esta actividad porque los "gastos son los mismos".
Iván López, gerente de Pesquera Áncora, señala que la cotización media del bacalao congelado en primera venta, que hace dos años oscilaba entre los 3,5 y los 5 euros por kilogramo, se sitúa en la actualidad entre 1,5 y 3 euros, mientras que el producto salado no sobrepasa ahora de media los 2,70 euros por kilo.
Esta situación, al margen de tener preocupados a los empresarios, produce también merma de ingresos y la consiguiente tensión entre los tripulantes, cuyos salarios se establecen en función del valor de la venta del bacalao capturado, por lo que sus ingresos se ven reducidos en la misma proporción que la merma del precio de primera venta del pescado.
"Los tripulantes están preocupados y es normal porque sus ingresos han bajado y es muy difícil para nosotros explicar y para ellos entender que se nos pague el bacalao a estos precios cuando luego ves que en el mercado se mantienen como el año pasado o que incluso han subido", explica López.
El armador entiende que "alguien está jugando bien con este asunto y es el momento de actuar".
Las posibles actuaciones para revertir esta situación, a su juicio, no pasan tanto por la intervención de las autoridades con ayudas sino por estudiar fórmulas de venta que "permitan identificar bien el producto, distinguir la calidad ante los consumidores para que libremente elijan, una correcta y exhaustiva aplicación de las normas de etiquetado para reconocer la procedencia y estado del producto que se compra de forma que la calidad justifique su valor, como ocurre en otros países".
Así, recuerda cómo algunos establecimientos de países como Francia o Portugal identifican "ya no sólo el caladero sino hasta el buque que capturó el producto".