JULIO PÉREZ | CHARLOTTETOWN (CANADÁ)
En las calles de St. John's, donde se asienta el puerto más importante de Terranova, lo poco que queda de la tradición de la pesca del bacalao es un enorme grafiti que ilustra el alboroto de antaño tras la arribada de los barcos, muchos de ellos gallegos. Una imagen histórica. La prosperidad del negocio para la flota de la comunidad, sobre todo entre los siglos XVI y XVIII, se guarda como oro en paño en la memoria colectiva del sector. La sobreexplotación obligó a cerrar las capturas en 1993 y las rutas apuntaron entonces a Noruega, donde todavía sobreviven seis parejas gallegas, para las que ahora se abría la puerta a volver a faenar en la zona ante los indicios de la recuperación de la especie, en niveles de los años 60, según varios estudios. Ésa era la esperanza que tenía incluso el Gobierno español, tras dieciséis años de moratoria. Canadá no apoyará el fin del veto. "Creo que no se levantará porque no estamos preparados todavía", asegura Gail Shea, la ministra canadiense de Pesca y Océanos. Los informes científicos que maneja el país descartan hacerlo y el Ejecutivo de Ottawa defiende que su posición se fija siempre en función de los expertos.
"Tenemos que proteger la población de las especies pensando en el futuro, así que debemos hacerlo con un enfoque un tanto más precavido", insistía ayer Shea durante una reunión con la ministra española Elena Espinosa en la ciudad de Charlottetown, la capital de la Isla Príncipe Eduardo y distrito político de la mandataria canadiense. Pese a que hasta no hace mucho el país era partidario de seguir los balances de la producción de las flotas antes que el veredicto de los investigadores, la postura de Canadá para el encuentro del consejo de NAFO -la semana que viene habrá una toma de contacto previa con el país en Bruselas- es la de seguir a los científicos. "Siempre hemos respaldado sus datos -mantiene- porque defendemos el uso sostenible de la pesca y ésa es nuestra posición".
Pues la posición de Canadá levanta un obstáculo casi imposible de saltar en la cita de la Organización de la Pesca del Atlántico Noroccidental y un duro revés para los intereses del sector tanto en Galicia como en el País Vasco. Los armadores gallegos veían el levantamiento de la moratoria como "una buena noticia" para el futuro del sector y para completar el momento dulce que se vive con la pesca del bacalao en Noruega. En los últimos tres años, la cuota se ha incrementado un 60%. Nada que ver, sin embargo, con el esplendor de la flota bacaladera gallega antes del establecimiento de la moratoria, con más de 70 parejas y 3.000 empleos.
Como ya ocurrió el pasado lunes con su embajador para Asuntos Pesqueros en Terranova, a la ministra Shea le costó comprender las preguntas de los periodistas sobre las quejas de los armadores gallegos por las fuertes restricciones para crear, como en la mayoría de países en los que operan, sociedades mixtas, con capital de ambos países, para entrar en el mercado canadiense. "No le puedo responder, no tengo la información adecuada", afirma. "Nuestros gobiernos -añade- están cooperando en proyectos científicos como el que nos ocupa hoy (en relación al Proyecto Nereida, con el que España, Canadá, Estados Unidos y Rusia están cartografiando las aguas del Atlántico Noroccidental para localizar ecosistemas vulnerables y prohibir la pesca de arrastre) y también hemos estado trabajando para reforzar la labor realizada en NAFO que realmente apreciamos mucho".
La cooperación entre ambos países da con la visita de Elena Espinosa un nuevo paso de gigante. Shea se mostró muy interesada en saber cómo el Gobierno español compagina la gestión del mar con los recursos pesqueros, la visión integral del medio que aplica el ministerio. De nuevo coincidencias en la importancia fundamental de los criterios científicos. El otro elemento de unión, el interés por la acuicultura. La dilatada experiencia española con el incipiente pulso que el sector tiene ya en Canadá. "Hemos avanzado en dos líneas -cuenta Espinosa-. Por un lado, en el trabajo en I+D+i tanto en nuevas especies como en alimentación. Son avances complejos por la necesidad de la rentabilidad, y por eso también nos interesan aspectos como el ahorro energético, porque van en ese mismo objetivo". El otro camino a seguir en el nuevo frente de cooperación abierto es la internacionalización de los proyectos. Espinosa y Shea han decidido convocar una comisión bilateral y técnica primero y luego ministerial para que empresas españolas puedan aprovechar las aguas canadienses para seguir avanzando en la acuicultura. Tanto en experiencias con nuevas especies como con la comercialización de las que ya se cultivan, lo que permitiría ahora, sí, crear sociedades mixtas. "Tienen -explica Espinosa- como nosotros un consumo de pescado per cápita muy alto".