ANTÓN LUACES
. l secretario de Estado de Transportes, el director general de la Marina Mercante y la directora de Sasemar certificaban, en febrero de 2009, el nacimiento -tardío, pero nacimiento al fin- de la Comisión Permanente de Investigación de Accidentes e Incidentes Marítimos (CIAIM) cuyo primer presidente designado fue Francisco Javier Villanueva Santaulari. Transcurridos ya casi 7 meses esta Comisión -cuyo objetivo principal es llevar a buen fin la investigación de las causas por las que se producen los accidentes marítimos y la formulación de recomendaciones técnicas adecuadas para evitar que se produzcan de nuevo- parece tener vocación teatral porque lo suyo, al parecer, es hacer mutis por el foro. Y eso que, en la primera reunión de trabajo del Pleno (celebrada el 16 de febrero), se destacó la plena independencia funcional, la dedicación exclusiva y la formación especializada del personal a cargo de las investigaciones.
El Pleno de la Comisión lo conforman, además del presidente, un vicepresidente (subdirector general de Recursos de la Secretaría General Técnica), y vocales permanentes que son miembros del Colegio de Oficiales de la Marina Mercante (entidad muy ligada al Ministerio de Fomento), del Colegio Oficial de Ingenieros Navales y Oceánicos, de la Asociación Española de Titulados Náutico-Pesqueros (que recibe ayudas económicas institucionales), del Canal de Experiencias Hidrodinámicas (Organismo Autónomo del Estado), del Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas, CEDEX (organismo autónomo actualmente adscrito a Fomento), de la Secretaría General del Mar , y de la Agencia Estatal de Meteorología, lo que puede suponer muy poca "independencia funcional" a la hora de tomar decisiones que pudieran afectar a la estructura del Ministerio que regentaba, en el momento de la creación de la Comisión, doña Magdalena Álvarez, y que hoy dirige el gallego don José Blanco.
En aquella primera reunión de trabajo del Pleno de la CIAIM, el que fue secretario de Estado de Transportes, Fernando Palao Taboada, habló de la responsabilidad de la Comisión: trabajar en el esclarecimiento de las causas que motivan los accidentes y establecer recomendaciones que incidan en la mejora de la seguridad marítima.
Pues bien, en lo que va de 2009, se produjo un incendio con explosión a bordo del buque Gema B (3 de enero); el hundimiento del Monte Galiñeiro (22 de febrero); un accidente operacional en el Lasti (15 de marzo); un abordaje protagonizado por el Anchousa y el Playa das Dunas (19 de marzo); el hundimiento del Playa del Mar (23 de marzo); la varada del Urdaneta (28 de marzo); un accidente operacional del Valle de Elda (29 de marzo); otro accidente operacional en el Kelbo (29 de marzo); el hundimiento del Alonso Ocaña (23 de abril); accidente operacional en el Mar Virginia (2 de mayo); abordaje entre el Max y el Estrella de Joaquim (11 de mayo); hundimiento del Cristo (20 de mayo); incendio en el Le Morne (27 de mayo); hundimiento del Canconio (2 de junio), y el naufragio del Furacán (30 de agosto), entre otros.
La dedicación exclusiva de los miembros del Pleno de la CIAIM debe ser muy reducida a tenor de los resultados conocidos de las investigaciones realizadas por el personal especializado encargado de ellas. Ni se conocen los resultados, ni se les esperan. Como tampoco las recomendaciones de los expertos para evitar que se reproduzcan los accidentes/incidentes.
Tiempo han tenido para estudiarlos e informar. Tal vez sea una de las cuestiones a afrontar por la nueva directora general de la Marina Mercante porque, como se puede comprobar, hay una larga lista de espera y el personal sigue muriendo en la mar sin que nadie diga por qué y cómo invertir la estadística.
Cuando se habla de vidas humanas no se puede incrementar la dosis de papel mojado en un Ministerio.