ANTÓN LUACES
Con los piratas del Índico, que parecen tener seguro un ingreso económico a días vista, sólo los mercenarios contratados y los que se van a contratar lograrán beneficios de la indefinición de un país al que le crecen los enanos incontrolablemente en los últimos años.
Las empresas de seguridad por un lado, y las banderas de conveniencia por otro están poniendo palos en las ruedas del Gobierno español, que ya no se puede decir si no sabe, si no escucha, si no puede o qué en relación con el atunero Alakrana. Y por si fuese poco el baile índico actual, acude al rigodón el Draco, atunero con tripulación mixta en la que no faltan gallegos y vascos. Otra víctima propiciatoria que, a la espera de lo que le pueda ocurrir dentro o fuera de la zona de protección establecida, asume el paso de Suez como el adiós a la seguridad relativa para adentrarse en la inseguridad del Golfo de Adén y enfrentarse a lo imprevisible frente a Somalia o las islas Seychelles. Y es que el Draco enarbola bandera de las Antillas holandesas, algo que, en el caso de problemas, sume a cualquiera en el desconcierto porque aquí ya no se puede alegar que se trata de un buque español. Para el Gobierno de España queda tan sólo la posibilidad de interesarse por sus nacionales a bordo, y que al buque lo defienda quien lo ampara administrativamente. ¿Mandará Francia sus marines para defenderlo? ¿O será suficiente con los mercenarios burka descendientes de aquellos que formaron parte de las tropas británicas cuando éstas defendían los intereses de su país en la India o en las Malvinas?
Está meridianamente claro que va a ser difícil, muy difícil, la lucha contra los piratas. A estos no les ata ni siquiera la vida. Y a nuestros militares o a la Guardia Civil del Mar les aherrojan y cargan de leyes para que nadie se mueva y no salga en la foto.
De las Antillas holandesas, el Draco; pero es que hay otra media docena o más de atuneros de capital español que llevan la bandera de Seychelles y que también quieren protección de militares españoles.
En las crisis siempre hay quien sale ganando. Las compañías de seguridad saben lo que hacen y lo suyo es la seguridad del capital a ingresar.