ANTÓN LUACES
La "madre patria" es un recurso muy socorrido en los países hispanoamericanos y, sobre todo, utilizado cuando tiene más sentido para el interés de quien pronuncia la frase a menudo edulcorada con adjetivos sin cuento.
En este juego de intereses, sobre todo si son de tipo económico, la madre patria -a través de empresas multinacionales, algunas de ellas de Galicia- no se queda corta y, más de 500 años después del descubrimiento de Colón y la colonización posterior llevada a cabo por personajes no siempre dignos, mantiene actuaciones que para nada se corresponden con las que desarrollan habitualmente en España o Europa.
Por ejemplo en relación con el medio ambiente.
Organizaciones medioambientalistas como la internacional Greenpeace, reclama en la voz de su director de campañas, Mario Rodríguez, que las multinacionales españolas "operen por lo menos en las mismas condiciones que en España, es lo mínimo".
En un extenso relatorio Greenpeace apunta al corazón de algunas de estas multinacionales. En concreto a Pescanova y la merluza blanca: un informe de Greenpeace denuncia que la multinacional gallega ha participado en Chile en la sobreexplotación de especies como la merluza blanca y el congrio dorado, de los que posee el 50% y el 53%, respectivamente, de la cuota pesquera industrial en aguas de ese país. Además también considera cuestionables sus prácticas en la acuicultura, específicamente en la producción de salmón en Chile, un cultivo que los ecologistas aseguran que es muy agresivo en términos sociales y medioambientales.
En el informe de Greenpeace tampoco sale bien parada la conservera Calvo, de la que se denuncian sus condiciones laborales en países como El Salvador.
Actividades que desarrollan empresas como Endesa en la Patagonia, Aguas de Barcelona (Agbar) en Cartagena (Colombia) o el BBVA con la financiación de la factoría de celulosa ENCE en Uruguay o la gigantesca mina de Yanacocha en Perú, son más que cuestionadas por los ecologistas. Estos hacen hincapié en el intento de las empresas hoteleras españolas de las cadenas Sol Meliá, Riu o NH, de intentar en zonas vírgenes de América Latina lo que se hizo en la costa española. Aseguran los medioambientalistas que se han arrasado selvas, dunas costeras y manglares en México, y se ponen en peligro en el área de Cancún unas zonas de anidación de tortugas marinas verde y boba más importantes del Caribe.
Otras actuaciones previstas en Brasil dejan en mal lugar a las sociedades españolas allí instaladas ya que barajan la construcción de un complejo en Praia da Baleia de más de 3.000 hectáreas y 40.000 viviendas en Natal, una zona virgen.
Es la re-conquista a partir de la carencia de escrúpulos y ante la evidencia de que esos planes de presente y futuro no podrían desarrollarse, teóricamente, en España.