I. BASCOY | A CORUÑA
Treinta y seis rehenes, ocho de ellos gallegos, llevan cuarenta días en manos de unos piratas desalmados. Sus familias viven con angustia el cautiverio. Con ellas, un hombre comparte su drama y trabaja intensamente para que el final de este mal sueño llegue cuanto antes. Es Nicolás Martín Cinto, el embajador de España en Kenia, quien en otros tiempos era conocido como Jacinto o El Botijero. Eran los años ochenta, trabajaba en el Ministerio de Interior y tuvo un papel protagonista en las negociaciones del Gobierno de Felipe González con dirigentes de ETA. En los documentos confidenciales, se le identifica como Jacinto o como Ceaucescu, por su parecido con el dictador rumano. Para sus interlocutores en la banda armada, era El Botijero, nombre en clave para su contacto con el Ejecutivo español.
Ahora Martín Cinto es el hombre clave para que los marineros del Alakrana regresen a puerto sanos y salvos. Su experiencia en estas lides es un aval y un alivio para las esposas de los tripulantes del buque. Los terroristas de ETA curtieron al embajador, quien ahora se las ve con otros terroristas, los piratas del mar.
En todo caso, la liberación del buque vasco no es la primera que negocia Martín Cinto, embajador de España en Kenia desde 2006, y después de haber pasado por los consulados de Metz (Francia), Bremen (Alemania), Marsella (Francia), Mónaco y Rosario (Argentina). Así figura en su currículum, al que nadie pone tachas, y que todos adornan con comentarios. "Fiel", "discreto", "diplomático de libro", "capaz de reunirse con el diablo, escuchar al demonio, y luego, en voz suave, explicarle que no tiene razón sin que ocurra nada".
. Coooperantes, diez días. Bajo este perfil, Martín Cinto, con sesenta y cinco años recién cumplidos, llevó a buen puerto el secuestro de dos cooperantes de Médicos Sin Fronteras, la española Mercedes García y la enfermera argentina Pilar Bauza, en diciembre de 2007, también en Somalia.
Martín Cinto negoció durante diez días directamente con los captores y a comienzos de enero de 2008 fueron liberadas sanas y salvas, y seguramente tras el pago de un rescate que no fue confirmado oficialmente. Se reunió con Mohamed Muse Hersi, alias Adde Muse, el cacique local de la república de Puntland, independiente de Somalia.
Adde Muse ha convertido la guerra en un negocio y los secuestros de barcos extranjeros en una fuente de financiación para sus juegos bélicos.
. José Cendón, 38 días. El rescate de las cooperantes, "un trabajo encomiable de Martín Cinto", declaró el ministro Miguel Ángel Moratinos, fue la primera, pero no la única experiencia del embajador con los piratas de Somalia. Un año después, hubo de regresar a tierra de nadie, "donde uno se juega la vida a la ruleta rusa, cada que vez que entra", tal como relató el propio embajador.
Su misión: la liberación del fotógrafo gallego José Cendón, secuestrado junto al periodista británico Colin Freeman, tras 38 días de cautiverio. El reportero fue apresado por una banda armada en la autoproclamada provincia de Puntlandia, al norte del país. Oficialmente tampoco se confirmó el pago de un rescate.
. 'Playa de Bakio', ocho días. Cuatro meses después, los servicios de este experto negociador volvían a ser requeridos por el Gobierno de España, pues los bandidos somalíes acababan de secuestrar el atunero Playa de Bakio, a bordo del cual trabajaban ocho marineros gallegos.
Los piratas dejaron en libertad el atunero tras ochos días de secuestro, se supone que tras el pago de un rescate, tampoco reconocido entonces por el Estado, y tras fructificar las negociaciones lideradas por Nicolás Martín Cinto, que en las conversaciones recibió apoyo logístico del Centro Nacional de Inteligencia (CNI). La misma asesoría que recibe ahora con el Alakrana, pero en esta ocasión juega con la baza de las experiencias de los secuestros del Playa de Bakio, de las cooperantes de Médicos Sin Fronteras y del fotógrafo gallego.
El embajador de España en Kenia ya conoce a sus adversarios y además atesora una amplia red de contactos entre los caciques locales y señores de la guerra. Es más, ya tiene hilo directo con los jefes de los piratas.
A su lado, desde el principio, está Kepa Etxebarria, el armador del Alakrana, y a quien el suceso pilló de vacaciones en Kenia. El joven empresario, que heredó hace un par de años el negocio de su padre, ya no se movió de allí y persigue la liberación de sus hombres desde la capital, Nairobi, residencia oficial del embajador. La amenaza de muerte de sus hombres la recibió con angustia y ésta se tradujo en fiebre muy alta.