M. BARRAL / AGENCIAS | A CORUÑA / MOGADISCIO
La ineficacia de la misión europea contra la piratería Atalanta ha quedado patente con el secuestro del atunero vasco Alakrana y ha provocado que armadores, expertos y hasta España propongan cambios en la cobertura y los objetivos de la operación aeronaval comunitaria.
La misión Atalanta cuenta actualmente con 11 fragatas, un submarino y tres aviones de patrulla marítima para proteger más de siete millones de kilómetros cuadrados del Índico, tres veces la superficie del mar Mediterráneo. A la operación europea contra la piratería España aporta el avión de patrulla marítima P3 Orión y las fragatas Canarias y Méndez Núñez, que en estos momentos se encuentran vigilando el Alakrana. Francia es el país que ofrece más efectivos -tres navíos de guerra, un avión de patrulla marítima y el submarino Améthyste-, seguido de Alemania -con dos fragatas y un avión de vigilancia- y Bélgica, Holanda, Grecia y Noruega, con un buque de guerra cada uno.
El principal problema de la misión aeronaval europea es que se centra en los buques mercantes que navegan en aguas del Golfo de Adén mientras que la zona en que faenan los pesqueros españoles y galos -frente a Somalia y en las proximidades de las Seychelles- sólo contaba con una fragata francesa y otra española cuando se produjo el secuestro del Alakrana.
España y Francia promovieron la misión Atalanta tras el secuestro del atunero vasco Playa de Bakio en abril de 2008 pero se cometieron fallos en su diseño y se dejó desprotegida a la flota atunera. Por ello, los armadores han solicitado en varias ocasiones la ampliación de la operación a aguas cercanas a las islas Seychelles, una superficie de 455 kilómetros cuadrados para la que se necesitaría incrementar los efectivos entre un 15 y un 20% según el Gobierno central y la propia UE.
Para conseguir que se cumpla esta demanda tendrá un papel determinante la presidencia española de la UE en el primer semestre de 2010. El Ejecutivo propondrá mañana a los países comunitarios que se refuerce el control de los puertos somalíes para evitar el aprovisionamiento de los barcos de los piratas.
A las dificultades derivadas de las limitaciones de la misión se suman, según denuncian algunos profesionales de la flota atunera, malas actuaciones por parte de los mandos de los navíos de guerra "por no hacer caso a las denuncias de los pesqueros alertando de que tenían embarcaciones piratas en las proximidades". "En alguna ocasión avisamos a la fragata española de que el radar detectaba lanchas que podían ser de piratas y nos decían que igual eran nubes. Se puso en duda lo que decíamos cuando un barco pequeño, a más de 400 millas de la costa, no puede ser más que de piratas", denuncia un marinero gallego de uno de los atuneros que fueron víctimas de un intento de secuestro a principios de septiembre.
El sector reclama que, además de la labor de vigilancia, los navíos de guerra de la misión Atalanta se centren en la búsqueda de las naves nodrizas de los corsarios para "detenerlos y sacar las embarcaciones peligrosas de aguas del Índico".
"Se dijo que lo que decían los patrones no era cierto y no se hacía caso a las denuncias sobre el riesgo que corrían los atuneros. Lo que no entendemos es que las fragatas nos avisaran de que no fuésemos por una zona porque había indicios de que por allí se encontraba alguna nave nodriza de los piratas y ellos no fuesen hasta allí para confirmarlo y acabar con el problema", lamenta otro profesional gallego de la flota que faena en el Índico.
Piratas somalíes liberaron a nueve pescadores indios y bengalíes tras negociar con un grupo de ancianos en la región autónoma de Puntlandia, en el norte de Somalia, según informaron ayer fuentes de los implicados en la resolución del secuestro. Tras su liberación, los marineros fueron entregados a los ancianos y trasladados la noche del sábado a un hotel de Garowe, capital administrativa de Puntlandia.
Sheikh Ali, un miembro del consejo de ancianos que negoció la liberación de los nueve marineros, explicó que fueron capturados por los piratas cuando se encontraban con su pesquero a unas 100 millas del puerto omaní de Salalah.
Los ancianos intervinieron en este caso, explicó Ali, debido a que "los pescadores iniciaron una huelga de hambre y los piratas no les cuidaron". "Intervinimos y, tras cuatro días de negociaciones, pudimos persuadir a los piratas de que los liberasen", agregó Ali, que no explicó si se había pagado algún rescate y, en ese caso, quién lo había abonado.
Mientras, sobre el secuestro del Alakrana, el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, pidió ayer "tranquilidad" y aseguró que el Gobierno está trabajando "todas las horas del día" para lograr una solución "lo antes posible". Moratinos reiteró que se está trabajando para solucionar el conflicto pero pidió "tranquilidad" para que el Gobierno pueda dar "con esa fórmula", una solución "lo más rápidamente posible".