ANTÓN LUACES
No se ha recuperado todavía la tranquilidad en el seno de las familias de los 36 tripulantes del Alakrana y, como era de esperar, ya se han puesto los cepos de los cazadores ilegales y se limpian los cañones de las escopetas de los legales para hacer presa en aquellos que han culminado un largo proceso de 47 días con la liberación de esos hombres que todos hemos querido tener en tierra, sin más.
Pero se ve que las ganas de hacer sangre en cuerpo ajeno pueden más que las razones para la reflexión. De todo se escucha y se lee, los blog echan humo, las web de los periódicos acogen las más divergentes opiniones... pero casi todos coinciden en lo mismo: las cosas no se han hecho bien por parte del Gobierno. Y los cepos y los disparos van dirigidos especialmente a Rodríguez Zapatero y a María Teresa Fernández de la Vega. Al primero, por ser el presidente del Gobierno y llevar en su mochila 4 millones de parados (como si estos guardaran relación con los marineros del atunero vasco); a la segunda, porque un día se fue a Argentina y ¡vaya por Dios! el gabinete de crisis no se podía abandonar por unas horas. Y, claro, surge la comparación con los Fraga y Álvarez Cascos cazadores en la catástrofe del Prestige.
Sin tratar de quitar la razón que muchos dicen tener para poner a caldo a Zapatero y de la Vega, a uno le gustaría escuchar una explicación razonada de lo que ellos -incluida aquí la oposición política- harían en un caso como el del Alakrana, previsible pero indetectable en su trámite y ejecución. Los hay, incluso, que ahora se sienten avergonzados como españoles porque dos buques de la Armada de este País no fueron capaces de evitar, primero, el asalto de atunero y, posteriormente, de liberar a los 36 marineros.
¿Cómo? ¿Entrando en el Alakrana como un elefante en una cacharrería y liándose a tiros con todo lo que se mueve? ¿Es así como se conseguiría la ansiada liberación? ¿Y qué pasaría si algunos de los tripulantes o miembros de las fuerzas armadas mueren en el asalto? ¿Quién sería el culpable?. ¿No aguzaría de nuevo el cuchillo de monte para criticar al Ejecutivo -hoy el socialista y puede que, mañana, de otro partido- por haber dado la orden de atacar a los piratas? ¿Qué dirían y a quién culparían los familiares de los muertos? ¿Qué dirían los sobrevivientes del asalto armado? ¿Disculparían, realmente, esas muertes en caso de una acción armada a bordo del Alakrana?
Como ya había ocurrido con ocasión del abordaje del Playa de Bakio, Madrid, País Vasco y Galicia plantearon como prioritaria la liberación de los retenidos. La acción diplomática antes que la militar. Y a pagar. ¿Qué ocurriría si no se hace (lo haga quien lo haga, armador o Gobierno)? Entonces, los que ahora claman contra un Ejecutivo aherrojado, desnortado, sin iniciativas, pedirían que actuaran.
La situación a bordo del Alakrana tuvo que ser muy delicada para los cautivos. De estar vivos y ser pura mercancía para los piratas, a estar muertos y ser víctimas de una acción armada que se vincularía al electoralismo hay tan sólo un hilo que ahora se tensa, cuando los que eran rehenes ya son libres.
Hay que dejar que reposen unos y otros. Templar. Respirar hondo. Dar tiempo. Saber qué dicen los que fueron protagonistas a la fuerza. Y después, contar hasta cien antes de echar los perros a los pastores.