ANTÓN LUACES
. l Alakrana ya está en puerto seguro, en las Seychelles, y sus tripulantes secuestrados durante 47 días llegaron ayer a sus domicilios en Galicia, País Vasco y Andalucía, al igual que lo habrán hecho o lo harán, se supone, los otros 13 marineros (a los que no se menciona habitualmente) del continente africano.
Como era de esperar, las hostilidades se han desatado por parte de aquellos que no comparten la acción desarrollada en relación con este caso por el Gobierno. Se piden cabezas y se pretende involucrar, indirectamente, a la Armada española en el rifi-rafe político además de a los propios medios de comunicación que, según ponía de manifiesto el programa El gato al agua (canal de televisión Intereconomía) del pasado jueves por la noche, dan empleo a "periodistas semianalfabetos" que informan -¿deforman?- la realidad de los hechos.
Lo decían periodistas y políticos sin rubor, que entienden tanto de mar como para denominar "barcazas" a los esquifes, falúas o piraguas empleados por los piratas para acceder o abandonar el Alakrana, lo que hace pensar que para ellos es lo mismo el francobordo (hay quien considera que es franco-a-bordo) que la amura, el trancanil, que la aleta, la proa que la popa.
Y todo porque el dinero sustituyó a los disparos y la negociación a la fuerza. Es como si, en el fondo, desearan que ese final no se hubiera producido sin una acción bélica que cambiara las cabras de Perejil por las vidas de unos seres humanos que, tratando de trabajar a cuenta de una alta remuneración -los tripulantes saben por qué están pescando en el Índico el atún- merecida, se encuentran en el dilema de tener que salvaguardar sus vidas no de la mar, como sería lógico, sino de la piratería indisimulada.
Ha habido -y habrá, todavía- manifestaciones de todo tipo, sin más referente para ello que aquello que se lee o se interpreta. No estamos en Seychelles, no estamos en los atuneros, no conocemos a la inmensa mayoría de los marineros españoles que faenan en aquellas aguas, pero nos permitimos el lujo de opinar como si viviéramos el día a día de esos hombres que, sujetos a un Plan Sectorial de Prevención de Riesgos Laborales en el Sector Pesquero, son analizados con lupa para utilizarlos como arma arrojadiza en función de los intereses políticos o partidarios de cada cual.
Ahora la batalla está en si existe o no más seguridad a bordo por la presencia en el barco de personal armado. Tal presencia no es recomendada por la OMI y, en el caso del País Vasco, su Plan Integral de Prevención de Riesgos Laborales para el Sector de la Pesca 2008-2011, en el apartado referido a la cultura preventiva, apunta a "la eliminación de amenazas".
¿Son un amenazas las armas a bordo? Y si lo son, ¿por qué se demandan, sean estas portadas por infantes de marina o guardias de seguridad?