P. PIÑEIRO | VIGO
La liberación de los 36 marineros del Alakrana el pasado martes por la mañana fue vivida por la tripulación del atunero como una situación de "nervios, de temor y de desconfianza total" ante la posibilidad de un nuevo intento de secuestro por parte de otro grupo de piratas somalíes, del que los marineros secuestrados fueron advertidos por sus propios captores.
Cuando los tripulantes del atunero vasco estaban ya a punto de ser liberados, en el lugar de la costa somalí donde estaban fondeados, había otro barco en poder de un grupo de piratas distinto del que mantuvo secuestrado al Alakrana, con otros tres barcos.
"Los piratas nos decían: tened mucho cuidado, que en cuanto nosotros os liberemos os va a intentar coger el otro grupo. Yo ya tenía avisada a la fragata y a los helicópteros, que estuviesen pendientes y nada más saltar el último pirata hemos llamado a la fragata y ha enviado inmediatamente a los helicópteros, nos han protegido muy bien, nos han acompañado las dos fragatas y los helicópteros día y noche; gracias también a la Armada, que nos han ayudado muchísimo".Tal fue el relato que ayer realizó el patrón, Ricardo Blach, en el aeropuerto de Peinador, donde compareció ante los medios de comunicación rodeado de los siete gallegos liberados del buque para agradecer la ayuda de todos los que contribuyeron a su liberación, desde el Gobierno Central a la Armada, pasando por el embajador en Kenia, su empresa, los medios de comunicación, los ayuntamientos y los gobiernos gallego y vasco, sus amigos y compañeros pero, sobre todo, sus familias y mujeres, verdaderas "artífices" de su liberación y con un "papel fundamental, al cien por cien" en todo el proceso.
Fue una corta, intensa y concurridísima comparecencia ante la prensa en la que la propia hija del patrón, Cristina Blach, negó la posibilidad de preguntas sobre las circunstancias del secuestro, apelando al enorme cansancio acumulado tanto durante el secuestro como en el largo viaje de regreso a casa.
"Venimos de una situación super extrema pero necesitamos paz y nos queremos marchar ya, necesitamos tranquilidad por lo menos unos días". Así respaldaban la petición de brevedad Joaquín Fernández y José Carlos Neira, que trasladan la urgencia de todos sus compañeros por regresar a casa al fin y poder reunirse con familiares y amigos para recuperarse cuanto antes de 47 días de "sacrificio total" que les será difícil o imposible olvidar.
Fue un tiempo, el transcurrido desde el 2 de octubre a bordo de su barco con los piratas "muy, muy, muy terrible, muy desagradable", según la descripción realizada por el patrón baionés del atunero.
"Primero, el secuestro y después toda la estancia, una humillación. Hemos tenido toda clase humillaciones", explicó Ricardo Blach al inicio de la comparecencia con sus compañeros, cuyos rostros mostraban sin necesidad de palabras su estado agotamiento y los largos días de tensión vividos.
32 personas en 20 metros
"Ellos (los tripulantes)al principio han estado en el comedor de marinería, todos tirados boca abajo y siempre encañonándolos. Todos, los treinta y tantos, en un cuadrado de 20 metros cuadrados; y el capitán y yo, arriba, siempre encañonados también", concretó Blach, antes de añadir que "después, al final, gracias a Dios, a ellos (el resto de los tripulantes) les dejaron metidos abajo, con las puertas del exterior cerradas pero tenían libertad para ir al servicio, cocina y comedor y estar con sus compañeros".
En cambio sobre su propia situación y la del capitán durante el cautiverio, explicó Blach que "dormíamos en el suelo y sentados después en una silla todo el día y para ir a un servicio, que lo teníamos a dos metros, teníamos que pedir permiso, cuando nos daban".
A la llegada de los ocho marineros gallegos a Peinador les esperaban en una sala privada del aeropuerto sus propias familias.
En la misma sala reservada de la terminal viguesa esperaban también para recibirlos y ofrecerles todo tipo de ayuda que precisen el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, acompañado por su conselleiro de Presidencia, Alfonso Rueda.También acudió a recibir a los marineros al aeropuerto vigués el delegado del Gobierno en Galicia, Antón Louro.
El encuentro fue privado por deseo de las familias, sin que ello signifique malestar o distanciamiento con las administraciones, según precisó la hija del patrón, Cristina Blach.
Tras los emocionados saludos y la comparecencia pública de los marineros, ellos y sus familias se trasladaron a sus respectivos domicilios en Miñor, Morrazo y Barbanza. La Xunta, que fletó el avión que les trasladó de Vigo a Madrid, puso también a su disposición coches oficiales para la vuelta a casa desde Peinador.