L. PIÑERO VIGO
El secuestro del Alakrana ha eclipsado otras situaciones difíciles que viven los tripulantes gallegos en terceros países. Sin ningún tipo de comparación con lo que han pasado los marineros del atunero en manos de los piratas somalíes, a la administración pesquera española le quedan otros flecos que resolver. Uno de ellos es el del patrón gallego del Bahía de Portosanto, propiedad de un armador de Poio y con base en el puerto de Las Palmas. Su patrón, José Portas Salazar, lleva más de tres meses retenido en Mauritania acusado de ser el culpable del hundimiento de un pesquero chino -que pertenece a una empresa en la que un armador mauritano posee el 51%- tras sufrir una colisión. Portas ha sido el único tripulante del Bahía de Portosanto que no ha podido salir del país en espera de que se celebre el juicio.
Todo empezó cuando en la noche del pasado 20 de agosto el pesquero se encontraba faenando en aguas de Mauritania en un caladero plagado de destartalados pesqueros chinos, que apenas llevaban luces para mostrar situación. En aquel trajín de embarcaciones colisionaron el Bahía de Portosanto y el Sultana III, el pesquero chino participado mayoritariamente por un armador mauritano.
A partir de ese momento, sin pruebas periciales de ningún tipo (las leyes marítimas señalan que en caso de colisión hay responsabilidades de los dos capitanes de los barcos) las autoridades mauritanas obligan al pesquero de Marín a dirigirse a Nuadibú donde el patrón José Portas es el único acusado.
La vista se dilata en el tiempo y a José Portas se le impide salir del país, aunque puede moverse libremente por la ciudad ya que el barco es la garantía que ponen las autoridades mauritanas. "No puedo aguantar ni una semana más. No recibo malos tratos pero hace más de tres meses que no veo a mi familia y lo que es peor no veo una salida a al embrollo jurídico que se ha creado", se lamenta José Portas. El armador del Bahía de Portosanto le acompaña desde hace dos meses y medio y trata sin éxito de que se resuelva la situación.