ANTÓN LUACES
. l apresamiento del Alakrana y la posterior liberación de sus 36 tripulantes deja huella. Políticamente puede pasar facturas. Y se utiliza el plural para dejar claro que, si de lo hecho, lo que se pudo hacer y lo que no se hizo, se derivan consecuencias, hay muchos datos que poner sobre el tapete de juego para explicarlo.
Solventado el problema del secuestro y el asalto pirata al barco, la caja de los truenos se ha destapado y, curiosamente, ha sido el Partido Nacionalista Vasco el que, después de arremeter contra el Gobierno de Rodríguez Zapatero, pliega velas y reconduce el navío del enfrentamiento. Se me ocurren algunas malicias: porque hay un tripulante vasco que da las gracias a la fragata Canarias porque "a pesar de ser militares" (?) se han comportado; porque hay un tripulante gallego que da las gracias al Gobierno por lo hecho; porque habrá meditado y concluido que "es lo que hay".
El Gobierno utiliza dos puntas de lanza: Carme Chacón, ministra de Defensa, y María Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta primera. Ninguna parece creíble para buena parte de los diputados en la sesión del Congreso del miércoles. El Gobierno estuvo perdido en los primeros días tras el secuestro, la oposición considera que mintió a la ciudadanía en relación con el acto pirata, que no se comunicó con los familiares de los secuestrados y, finalmente, pagó o consintió que se pagara el rescate de los 36 hombres del Alakrana.
La portavoz del PP en el Congreso de los Diputados, Soraya Sáenz de Santamaría pregunta si se podía haber evitado el apresamiento del barco, mientras su secretaria general (del PP) María Dolores de Cospedal, repite machaconamente que las cosas debieron de haberse hecho de otra manera, pero no dice cuál.
La portavoz parlamentaria del PP parece jugar al gato y al ratón con la pregunta: debería habérsela formulado a los piratas y al capitán -don Silencioso- del Alakrana. A los primeros, para que expliquen cómo asaltaron el barco; al segundo, para que aclare de una vez si incumplió lo acordado con la operación Atalanta abandonando el perímetro de seguridad fijado para los atuneros en aguas frente a la costa somalí.
Hay muchas culpas a repartir. El precio político no se fija en un ticket, como en las prendas a la venta en cualquier comercio. Se paga con el tiempo y coincidiendo con las elecciones.
Se pudo haber evitado el apresamiento si el Alakrana permaneciera en Puerto Victoria o faenara en las inmediaciones de la fragata o de cualquiera de los demás buques; incluso con infantes de marina a bordo. ¿Sería la fórmula válida para dar respuesta a la necesidad de "hacer las cosas de otra manera"? ¿O hacer las cosas de otra manera sería poner en riesgo las vidas de los secuestrados metiendo en el Alakrana ya asaltado a personal armado que, obviamente, debería hacer uso de las armas para liberar a los rehenes?
Un almirante retirado ha dicho que los piratas "Nos han perdido el respeto" porque saben que nuestros militares "no tiran a dar".
Tal vez esté aquí el quid de la cuestión: ganarse el respeto a tiros, como en Iraq, o con los daños colaterales de la guerra de los Balcanes.
Así de sencillo.