REDACCIÓN / AGENCIAS | VIGO / KIEV
El carguero Ariana, de propiedad griega y con 24 ucranianos a bordo, quedó ayer en libertad tras el pago de 2,8 millones de dólares (1,75 millones de euros) a los piratas somalíes que lo secuestraron hace siete meses, según informó ayer el Servicio de Inteligencia Exterior (SIE) de Ucrania, que atribuye el pago al armador. Poco antes, el propietario del Ariana, el griego Spiros Minas, anunciaba que había pagado el rescate, cuyo montante no desveló, y expresaba su esperanza de una pronta liberación de los 24 tripulantes, que, según dijo, "se encuentran bien".
El presidente del SIE, Nikolái Malomuzh, indicó que, en cooperación con los servicios de inteligencia de otros países, prestaron asistencia a Minas durante las negociaciones con los piratas y ayudaron a trasladar la cuantía del rescate por aire hasta el barco secuestrado.
El dinero fue arrojado desde un avión al mar cerca del Ariana, tras lo cual los piratas lo recogieron en una lancha y empezaron a contar el dinero, según el relato del presidente del SIE recogido por la agencia Unian.
Recordó que inicialmente los piratas reclamaban 10 millones de dólares, que luego rebajaron a seis millones, mientras que el propietario ofrecía sólo 850.000 y, más tarde, 1,6 millones de dólares, hasta que las partes acordaron la suma final.
Según Malomuzh, tras medio año de secuestro todos los tripulantes padecen diversas enfermedades, pero "no hay situaciones críticas", y tampoco corre peligro la vida de la mujer que se encuentra a bordo, que estaba embarazada y perdió al bebé durante el cautiverio.
Ayuda del 'Alakrana'
Precisó que el estado de salud de la mujer ha mejorado en las últimas semanas gracias a los medicamentos entregados por los marineros españoles del atunero Alakrana, que el 14 de octubre fueron conducidos al Ariana por sus propios piratas.
Hay que recordar que a su llegada a España tras su liberación los tripulantes gallegos y vascos del Alakrana reclamaron atención hacia los tripulantes del buque griego y alertaron de la dramática situación de las dos mujeres que había a bordo -entre ellas citaban a una niña, lo que luego el armador desmintió, al asegurar que se trataba de la cocinera, cuya talla menuda podría haber dado lugar a confusión- y que habrían sido objeto de violaciones.
El viceministro de Exteriores ucraniano, Valero Chaliy, dio a entender, por su parte, que las autoridades ucranianas pudieron haber participado en el rescate, al señalar que "el dinero fue entregado por el propietario del barco, pero su procedencia es un tema aparte". El diplomático indicó que el Ariana, que de momento no tiene gasóleo para navegar por su cuenta, tras su liberación pasó a ser custodiado por un buque portugués de la operación Atalanta, que participa en las operaciones contra la piratería.
"¿Seguro?", pregunta José Carlos Meira (vecino de Moaña) cuando se le da la noticia de que los piratas somalíes han liberado el barco Ariana tras recibir el correspondiente rescate. Su compañero de tripulación en el Alakrana, el cangués Secundino Dacosta, contesta exactamente lo mismo.
Y es que fue muy grande la desilusión que sufrieron la otra vez, hace una semana, cuando se anunció a bombo y platillo la liberación del barco y después todo se quedó en una falsa alarma. José Carlos Meira quería saber de inmediato el estado de la tripulación del Ariana.
La habían visto cuando el Alakrana suministró combustible al mercante. Fue allí cuando descubrieron la presencia de una niña que les pedía que la rescataran del infierno que estaba pasando. José Carlos Meira está convencido de que era una niña, de aproximadamente 14 años, por mucho que después se dijese que la tuvieron que confundir con la cocinera del barco.
"Fueron momentos muy duros, bastante tristes. La poca moral que teníamos se vino abajo por completo. Llevaban cinco meses y medio secuestrados e estaban en los huesos. La verdad es que es una alegría muy grande, me gustaría saber como están todos".
Secundino Dacosta también deja patente su alegría. Considera a los marineros del Ariana como compañeros de un episodio que tardarán mucho en borrar de sus mentes. "¡Lo que han sufrido estas gentes!". Secundino Dacosta aún es reacio a hablar demasiado de su experiencia. Afirma que espera hacerlo pronto.
Mientras, José Carlos Meira afirma que no tiene esperanzas de que la situación mejore en el Índico. "Esa gente va a coger a quien encuentre delante. Pienso que no quieren vivir de otra cosa".