ANTÓN LUACES
No finaliza la especulación. No será en enero: puede que sea en marzo. Francia quiere, España también, pero la UE es reticente. De cualquier forma, y como los países más afectados lo desean, ahí viene el levantamiento provisional de la veda que, desde hace casi cinco años, pesa sobre la anchoa. Una decisión que sobrevuela los puertos de las cuatro comunidades del Cantábrico e irradia a la Bretaña francesa. Ea. Que ya está, que el cerco pequeño puede ir aviando de aquí a marzo y, con la primavera, aventurarse. Habrá 5.400 toneladas para gallegos, asturianos, cántabros y vascos. Ya no la verá quién, para bien o para mal, más la peleó: el guipuzcoano Jaime Tejedor, que se fue con las escamas acumuladas en el alma tras años de brega en la Federación de cofradías de su territorio.
Para los galos, 1.600 toneladas. Menos es nada. Las 7.000 toneladas no van a significar gran cosa pero es que los aparejos se pudrían en los almacenes por falta de uso. Cinco años sin anchoa, y el presidente Revilla regalando latas de ellas a mansalva diciendo que eran de Cantabria.
¿Qué son 7.000 toneladas? Nada, en la mar. Sin embargo, la reapertura de la pesquería es "una de las decisiones más lamentables del Consejo de Ministros" según la organización ecologista Oceana. No entiende que una especie en peligro se ponga de nuevo en almoneda por el interés de dos países, obviando las recomendaciones científicas. Pan para hoy, hambre para mañana. Los pescadores buscaban una brecha en la monolítica UE para lograr las 7.000 toneladas que no solucionan el problema pero permiten calar otra vez las redes.
De cualquier forma, se entiende que la decisión no es firme y el acuerdo actual no vincula a Bruselas, que deja el portillo abierto a lo que determinen los científicos.
Hay que seguir deshojando la margarita. Y que la anchoa ponga de nuevo su plata en la cubierta de los cerqueros.