P. PIÑEIRO | VIGO
Santiago Iglesias, el armador marinense del Bahía de Portosanto, retenido en el puerto mauritano de Nuadibú desde el 2 de agosto -acusado del hundimiento de un buque chino tras una colisión fortuita-, pidió ayuda ayer para liberar el barco, después de cuatro meses de gestiones, demoras y negativas a la liberación del pesquero. "Estamos desesperados y necesitamos ya que el barco salga de aquí y empiece a pescar otra vez", afirma Iglesias.
Sus peticiones y exigencias se dirigen, especialmente, a su compañía aseguradora Mutuapesca, para que "de la forma que sea", se haga cargo de la fianza de un millón de dólares que exigen las autoridades mauritanas para permitir la salida del barco en tanto no se resuelve la causa judicial.
La paciencia del armador "se acaba" y la ansiedad aumenta tras conocer hace pocas horas la negativa de las autoridades judiciales del país a admitir la carta de garantía de pago de la fianza que hizo llegar la aseguradora española a Mauritania.
"Si no es por una cosa es por otra; un día dicen que no admiten una fotocopia, otro piden traducción y otro un original y así un día detrás de otro", contaba ayer a este diario Iglesias, que exige de su compañía "que se haga cargo, como sea, de sus obligaciones porque para eso pagamos una póliza que cubre estas circunstancias".
El armador, que lleva ya más de dos meses en Mauritania, asegura que desde hace unas semanas la Administración española -a través de la Secretaría General del Mar, así como el propio embajador español en Mauritania- realiza gestiones para lograr la salida del barco del puerto, aunque por el momento sin éxito.
"Lo único que pido es que liberen el barco para poder salir a trabajar y que el procedimiento judicial siga su curso", señala el empresario gallego, que recuerda que "fue un accidente (el hundimiento del buque chino) en el que no hubo ni muertos ni heridos y nadie tuvo que recibir asistencia médica y por eso parece desproporcionado que llevemos aquí ya 132 días".
Para el armador, su situación es "como un secuestro con el barco de rehén y, además, algunas de las personas que tengo de la tripulación para el mantenimiento del barco están con la documentación retenida". Además, estima que la retención del barco ya le ha ocasionado gastos de unos 360.000 euros, a las que habrá que sumar las pérdidas por la imactividad de estos cuatro meses y los gastos de reparación y nuevo aprovisionamiento que precisa el buque después de tantas semanas en tierra.
Y en las pérdidas, asegura, tampoco cuenta aún las de su tripulación por "los salarios de unos hombres que llevan en su casa cuatro meses y sin cobrar ni aportar dinero a sus familias".