C. GARCÍA | PONTEVEDRA
Final a cinco meses y ocho días de una auténtica pesadilla. Después de 161 días retenido en el puerto de Nuadibú, las autoridades de Mauritania permitían a las 16.30 horas de ayer (17.30 horas en España) que el arrastrero de Marín Bahía de Portosanto soltase amarras rumbo a las Las Palmas de Gran Canaria.
Las autoridades permitían que el buque abandonase por fin el muelle de Nuadibú sólo después de confirmar que se recibía la transferencia de los 13.800 euros que se le impusieron a la casa armadora en una última multa bajo la acusación de pesca ilegal. Una sanción firmada hace tan sólo unos días por unos hechos acontecidos hace meses ya que desde el 20 de agosto el buque permanecía amarrado y sin permiso para hacerse a la mar.
La odisea del Bahía de Portosanto se inició el 20 de agosto del pasado año cuando el buque se vio envuelto en un accidente al colisionar con otro barco que acabó hundiéndose. El buque fue retenido y se le retiró el pasaporte a su capitán, José Portas, a la espera de que se aclarase cuáles pudieran ser las responsabilidades del buque en el accidente.
A partir de ahí se fue tejiendo una maraña legal y burocrática en los juzgados de Nuadibú que acabó por atrapar al Bahía de Portosanto durante meses.
Finalmente en diciembre parecía que la situación se aclaraba cuando un tribunal fijaba una elevada fianza que cubriría las supuestas responsabilidades del buque marinense en este accidente. No obstante, luego llegaron los problemas para que las autoridades mauritanas aceptasen las garantías de pago de esta fianza que se presentaban desde España.
Esto llevó al armador del buque, Santiago Iglesias, a una situación de desesperación y a iniciar una huelga de hambre ante el Consulado en Nuadibú que duró varios días.
Cesó su actitud ante la promesa de que se iban a buscar nuevas fórmulas para que las autoridades mauritanas aceptasen el pago de la fianza. Algo que ocurrió por fin hace tres días. Desde entonces, los marineros permanecían embarcados en el barco a la espera de poder soltar amarras, algo que impedían de nuevo las autoridades con una última multa, esta vez por una supuesta pesca ilegal. Una acusación que negaba ayer el patrón, José Portas.
En cualquier caso, hubo que pagar este último peaje antes de que el Bahía de Portosanto pudiera poner su proa rumbo a territorio español.
Por su parte, el armador aseguraba a este diario, ya en plena navegación, que se siente "arruinado moral y económicamente", cifraba las pérdidas derivadas de la retención en entre "40 o 50 millones de las antiguas pesetas" y avanzaba su voluntad de volver a levantar su empresa.