ANTÓN LUACES
En propiedad. Adquiridos dentro del Plan Nacional de Salvamento. Presentados por la ex ministra de Fomento Magdalena Álvarez, en la factoría de Augusta Westland en Italia. Eran las estrellas de esa fase del Plan. Los helicópteros Augusta Westland 139, uno de los cuales -el Helimer 207- entró en servicio en 2009. Tres tripulantes murieron tras el accidente de este helicóptero en Almería el jueves, 21 de enero. José López Alcalá, piloto y comandante de la aeronave; Kevin Holmes, copiloto; y el rescatador Íñigo Vallejo García, se unen a la lista de fallecidos en acto de servicio.
Un superviviente, malherido. Traumatizado, de por vida, porque sus compañeros dan fe ahora, y con su muerte, de que el EC-KYR tal vez no era tan seguro como se esperaba. Distintos colectivos denunciaron fallos estructurales en al menos 7 de esas aeronaves. Abu Dhabi, Escocia, Noruega, Japón, Paquistán y (dos) el Golfo de México lo confirman. Y se apunta a una parte de ellos: en el botalón de cola está el problema o problemas.
Hay que preguntarse si no ha habido información suficiente para calibrar la ventaja de adquirir estos aparatos. Por lo menos, para desecharlos. Doña Malena - hoy eurodiputada- habrá mirado al cielo y a algún santo anotaría en su agenda para enviarle un ramo de rosas porque esta vez no estaba al frente de Fomento.
Sí lo está don José Blanco, que ha tragado ese sapo que, por no ser cancionero, ni croaba en el entorno porque Blanco es un recién llegado, y el salvamento marítimo tiene como un mal fario contra el que nada ni nadie parece tener opción de vencer.
¿Qué falló en el Helimer 207, aeronave "de las más avanzadas" del mercado? ¿Qué lamentable fallo hubo para que nadie pensara en caja negra, balsa salvavidas, las dos radiobalizas o los sistemas de comunicación de este novísimo "pájaro" marino?
Tres hombres perdidos y un helicóptero menos en Sasemar. Esta vez doña Malena se salvó. Don José Blanco apuró el vinagre de la esponja ofrecida: que actúe la Comisión de Investigación. Es lo menos que se puede ordenar. Y es de esperar que el informe sea claro y determinante. Sobre todo a efectos de mantener o no estos aparatos en Sasemar.
Por los que se han ido, por el que queda entre nosotros, luz; que se aclare lo ocurrido y por qué un hombre experimentado tuvo que recurrir a una bengala para indicar que estaba allí, todavía, vivo. El mismo sistema que usaría su bisabuelo, sin las tecnologías del producto ítalo-británico.