ANTÓN LUACES
. ntre los "deberes" que España habrá de cumplir en su semestre de presidencia de turno de la UE figura una asignatura equiparable a la química o las matemáticas de aquella juventud tan lejana que nos hacían esperar con temor la llegada de la hora y el día de enfrentarse a ellas entre latines, historias y físicas. Como tarea a realizar, España tiene ante sí la coordinación de las posiciones de los 27 Estados miembros de la UE para dar respuesta a la preservación de la biodiversidad, algo que hace que algunas personas frunzan el ceño y otras silben (aunque sea contra natura) mientras capan.
Llegados a 2010, España deberá concretar antes de julio, cuál es la meta para un futuro que ya está llamando a la puerta del presente. Habrá de negociar, por ejemplo, la posición conjunta de "los 27" en todos los foros y fijar las posiciones acordadas previamente en las reuniones a celebrar en Bruselas para dar respuesta al Convenio de Diversidad Biológica (CDB). Porque, alcanzado 2010, se comprueba que la meta que se había fijado en el Convenio ni mucho menos se ha alcanzado. Ni siquiera pese a contar con una financiación acorde a los esfuerzos a realizar.
Por los efectos del cambio climático o por lo que fuere, la pérdida de la biodiversidad se mantiene y, por ello, uno de los objetivos del Convenio se pierde en la nebulosa de un enunciado que habla de "la participación justa y equitativa en los beneficios que se deriven de la utilización de los recursos genéticos".
La biodiversidad es un patrimonio y así se ha entendido en los tímidos pasos dados en Galicia para crear una red de reservas marinas que, mucho me temo, no pasan actualmente por sus mejores momentos después de que la conselleira do Mar no pareciera estar muy conforme con lo que hay y, menos todavía, con lo que puede venir en relación con las reservas. Tal vez sea -ojalá- una muy simple impresión personal, pero el temor tiene fundamentos.
Las áreas protegidas y entre ellas las reservas marinas como las de Lira, Cedeira, las Illas Atlánticas y los proyectos para la costa lucense en su día planteados, son un elemento básico para la conservación de la diversidad biológica y de los servicios de los ecosistemas, algo que no se inventa uno sino que está dicho por quien tiene infinitamente más saber y experiencia en el tema. Se ha discutido los días 26 y 27 de enero en Madrid, en la Conferencia Europea Meta y Visión post-2010 en Materia de Biodiversidad, en la que el papel de las áreas protegidas y de las redes ecológicas en Europa formaron parte de la propuesta española para ese post-2010.
La conferencia examinará la aplicación del Programa de Trabajo sobre Áreas Protegidas del Convenio sobre Diversidad Biológica en el ámbito europeo. Un programa con el que se pone en marcha en Europa el Año Internacional de la Diversidad Biológica 2010.
Será el primer eslabón de una cadena cuyo cierre es la X Conferencia de las Partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica a celebrar en Nagoya (Japón) en octubre de este año.