MANUEL BARRAL | A CORUÑA
El Distrito Marítimo de Ribeira -dependiente de la Capitanía Marítima de Vilagarcía- despachó irregularmente el 5 de septiembre de 2009 al arrastrero ribeirense Nosa Cantiga, que naufragó al día siguiente frente a las costas de Portugal por una vía de agua cuando se dirigía a faenar en las costas de Gambia. Sus ocho marineros pudieron ser rescatados sanos y salvos. El informe del suceso, publicado recientemente por la Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes Marítimos (Ciaim), revela que el Distrito Marítimo de Ribeira autorizó la salida del buque pese a que este no se encontraba en su ámbito geográfico, sino amarrado en el puerto de Marín, con lo que el despacho le correspondería a la Capitanía Marítima de Vigo, de la que depende el distrito de Marín.
Los investigadores destacan además que la autorización se produjo un sábado, día inhábil, cuando el pesquero llevaba "casi un mes" en el puerto marinense, "por lo que no parecen existir razones excepcionales para efectuar el despacho en día inhábil". "Para que el buque se pudiera despachar de salida, tendría que arribar al puerto, y como se concluyó anteriormente, el barco no estuvo en Ribeira", sentencia el informe de la Ciaim.
Al margen de las competencias del Distrito Marítimo de Ribeira para autorizar la salida del Nosa Cantiga, los expertos del organismo adscrito al Ministerio de Fomento destapan otras irregularidades. Aseguran que dos de los miembros de la tripulación carecían de las titulaciones necesarias para permitir su embarque y el primer patrón no tenía el certificado de operador general del Sistema Mundial de Socorro, anomalías que no impidieron el despacho del arrastrero. Además, los marineros rescatados el 6 de septiembre no coincidían con los de la lista presentada el día anterior al Distrito Marítimo de Ribeira. En la relación del día 5 aparecían siete tripulantes -tres españoles, un ucraniano y tres ghaneses- mientras que al día siguiente había ocho -cinco españoles, un ucraniano y dos ghaneses-.
Por las diferentes listas de tripulantes pasaron un total de nueve personas, pero la empresa armadora solo tenía dados de alta en la Seguridad Social a cinco de los ocho marineros rescatados. Del resto no se tenía constancia en el organismo dependiente del Ministerio de Trabajo.
El arrastrero Nosa Cantiga entró en servicio en noviembre de 1967, construido por el astillero vigués Factorías Vulcano, y contó con varios propietarios hasta que la compañía Pesquera de Aguiño SL lo adquirió el 27 de noviembre de 2008.
Precisamente, antes de su compra por la empresa ribeirense, el pesquero llevaba desde 1993 sin ser despachado y en 2008 el puerto de Marín inició un expediente de declaración de abandono. Tras liquidarse las tasas del buque, Pesquera de Aguiño lo adquirió para desarrollar campañas de pesca en aguas de Gambia.
En abril de 2009 el arrastrero inició la actividad extractiva en aguas del país africano pero sufrió varias averías en la maquinaria y en los aparejos. Un problema en la reductora le obligó a volver al puerto de Las Palmas para repararla sin haber realizado ninguna captura. Otra avería en uno de los motores auxiliares impidió al barco seguir faenando en los caladeros africanos y, ante esta situación, decidió regresar a Marín para cambiarlo. El 9 de agosto de 2009 atracó en el puerto gallego, donde procedió a cambiar el motor auxiliar que el Nosa Cantiga tenía estropeado. Los investigadores de la Ciaim denuncian en el informe sobre el siniestro del pesquero que estas obras en el buque se realizaron también sin la autorización de la capitanía marítima correspondiente.
El pesquero gallego Nosa Cantiga naufragó el 6 de septiembre de 2009, según la tripulación, tras impactar con algún objeto y sufrir una vía de agua. Los investigadores de la Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes Marítimos (Ciaim), sin embargo, consideran -en base al tiempo del hundimiento y los datos disponibles del buque- como causa más probable de la inundación la entrada de agua a través del colector de agua salada, por la rotura del colector o de sus válvulas, "o por accionamiento incorrecto de las válvulas con la caja de filtros abierta, intencionadamente o no". Tras distintos cálculos, los expertos descartan que la vía de agua se produjera por la rotura del casco en la sala de máquinas por un choque contra un objeto sumergido.
Mientras, pese a que el jefe de máquinas del arrastrero declaró que cerró las puertas aislantes de acceso a la sala de máquinas para evitar que la inundación se propagase, la Ciaim concluye que estos portones estaban abiertos y que el agua progresó a otros espacios del Nosa Cantiga como el parque de pesca, los pañoles o la bodega. "Si así hubiera sido -sobre la versión del jefe de máquinas-, y la sala de máquinas se hubiera mantenido estanca, los cálculos efectuados demuestran que el barco no se hubiera hundido ya que habría mantenido una flotabilidad suficiente", reza el informe de los investigadores.
Los expertos también cuestionan el tiempo que, según los tripulantes, pasó entre el impacto del buque y su hundimiento. Los marineros hablan de unos 25 minutos y la Comisión los cifra en 50. Apoyan el argumento con la siguiente explicación: la mayoría de los tripulantes no poseían ni 8 horas de experiencia a bordo y tuvieron tiempo de recoger todas sus pertenencias y embalarlas en plástico para que no se mojasen.