MANUEL BARRAL | A CORUÑA
El Gobierno acaba de reconocer la labor del grupo investigador gallego Acuigen (Genética para la Acuicultura y la Conservación de Recursos Biológicos) con el X Premio Junta Asesora de Cultivos Marinos (Jacumar). El estudio se centra en determinar el sexo de los rodaballos para mejorar la producción, un ámbito en el que, dice el coordinador del grupo, Paulino Martínez, aún hay mucho por hacer.
-¿Qué supone para usted el premio dado por el Ejecutivo?
-Es un reconocimiento al trabajo de muchos años, de muchas personas, que normalmente es poco valorado. Económicamente tampoco podemos despreciarlo porque es un dinero que, en los tiempos que corren, ayuda. Pero lo importante es el reconocimiento.
-El galardón parte de una investigación centrada en determinar el sexo de los rodaballos para lograr ejemplares hembra y mejorar la producción. ¿Es muy grande la diferencia de crecimiento según el sexo?
-Las hembras llegan a talla comercial cuatro o cinco meses antes que los machos, necesitan un 25% menos de tiempo que los machos, algo bastante frecuente en especies marinas. En la lubina ocurre igual y en otras, como la tilapia, es el macho el que crece más rápido. En acuicultura es habitual intentar conseguir poblaciones monosexo que puedan adaptarse mejor a las necesidades productivas de cada especie.
-¿Acorta los plazos de obtención de ejemplares para la venta?
-Se consigue el producto, en vez de en dos años, en 20 meses. Se ahorra en mantenimiento de la piscifactoría, personal, etc., con lo que es una ganancia del orden del 20% sobre las condiciones actuales.
-¿Los resultados obtenidos en el rodaballo son extrapolables a otras especies similares?
-Se puede extrapolar poco porque una característica curiosa de los peces es que, a diferencia de los mamíferos o las aves, su base genética de determinación sexual es muy variable de unas especies a otras. El caso del rodaballo puede servir para un pescado muy similar, el coruxo, pero otros peces planos como el lenguado tienen mecanismos diferentes. Así como en los mamíferos es el mismo gen el que determina el sexo, en peces cada especie tiene su base genética de determinación sexual y eso dificulta el traslado de información de unas especies a otras.
-Si cada una se tiene que investigar de forma individualizada, supongo que en el rodaballo Galicia lleva la delantera al ser la mayor productora...
-Sí, la investigación surge y tiene éxito aquí porque es donde se dan las condiciones óptimas para el cultivo y hay la mayor producción. El sector y las administraciones, tanto española como gallega, apoyan estos estudios y eso dio lugar a la patente que tenemos asentada desde hace un año, que se puede utilizar en la industria a un precio muy barato. Con una pequeña muestra de piel podemos determinar a cualquier edad el sexo del individuo.
-Y antes, ¿cuándo se sabía?
-Hasta ahora no se podía saber hasta que los ejemplares eran maduros, hasta los dos años, pero ahora ya se puede a los dos días.
-¿Teniendo una simple larva?
-Sí, aunque en una larva el problema es que no se le puede cortar un trocito pequeñito, pero con 30 o 90 días, con la punta de un alfiler de una aleta, ya tenemos cantidad suficiente de tejido para extraer ADN y hacer el análisis.
-¿Han notado un menor apoyo por parte de la industria como consecuencia de la crisis?
-Lo hemos tenido más intensamente en el pasado pero estamos colaborando con las empresas y en ese sentido ellas nos subcontratan para hacer los trabajos de selección genética. Tenemos su apoyo en forma de proyectos industriales.
-¿Cuáles son las empresas de Galicia más interesadas en estas investigaciones?
-Las que tienen planes de selección genética son Stolt Sea Farm, Pescanova y Alrogal.
-Los ejemplares de rodaballo alcanzan el tamaño comercial antes de llegar a la madurez. Supongo que las empresas hacen una reserva de individuos reproductores. ¿También se seleccionan?
-Los mejores individuos se apartan para dar descendencia y se les deja que crezcan hasta los 3 o 4 años. Luego están como reproductores hasta los 8 o 9. Mientras, el resto pasan a producción.
-Se eligen los más resistentes...
-Los que más crecen, con menos anomalías morfológicas y más resistentes a las patologías más graves que afectan a la acuicultura.
-En enfermedades, ¿hay diferencias entre hembras y machos?
-Puede haberlas pero no se ha investigado todavía. Estamos trabajando, sin diferenciar sexo, para encontrar los genes que puedan proporcionar una mayor resistencia e incorporarlos a los planes de selección con la idea de conseguir reproductores y descendencias más resistentes, que eviten el uso de vacunas, que tienen un coste alto al aplicarse ejemplar por ejemplar.
-Se habla siempre del rodaballo como la especie acuícola más consolidada en Galicia. ¿Quedan muchos aspectos por investigar sobre este pez?
-Aún hay mucho por hacer. En salmón o trucha arco iris llevan mucho más tiempo estudiando selección genética, unos 50 años. La investigación no acaba nunca. Ahora nuestros objetivos son crecimiento, sexo y patologías pero en poco tiempo pueden cambiar. El rodaballo es ahora la especie más importante pero hay otra que viene pegando fuerte y en unos años puede ser tan importante o más que el rodaballo: el lenguado. Ahora se producen pocas toneladas pero el sector está apostando fuerte por él.
-Como en el resto de productos, ¿un paso más es buscar ejemplares más saludables?
-Sí, el producto se adapta a las condiciones del sector y a las demandas del consumidor. La investigación está guiada por dos vectores: conseguir individuos de calidad con aceptación en el sector y al menor precio posible.