Pueden evitarse

20.08.2015 | 00:30
Pueden evitarse

Dos palabras que, en función de si llevan o no el signo de la interrogación, cambian absolutamente el valor de lo dicho. Pero sí, pueden evitarse. Y me refiero a los accidentes a bordo de los buques de pesca.

De estos accidentes se ocupa siempre este periódico, con el objetivo de dar a conocer a sus lectores el resultado de las investigaciones que llevan a cabo los responsables de la Comisión de Investigación de los Accidentes e Incidentes Marítimos.

Son datos que pueden llamar la atención, pero que se ajustan a la realidad de cada día en la mar. Datos que hablan de accidentes ya registrados y que, en buena ley, muchos de ellos pudieron haberse evitado. Primero, convenciendo al sector de que los accidentes no tienen por qué ocurrir o que no ocurren porque sí; más bien habría que apuntar a que, mejorando la seguridad de las embarcaciones y formando a aquellos que realizan sus funciones a bordo de aquellas, tales accidentes pueden y deben evitarse.

Existe un cierto conformismo con lo que acontece en este inseguro medio laboral que es la pesca. Es como si, indefectiblemente, se considerase que el marinero tiene como fin morirse en la mar y no en su casa o en un hospital como acontece en la inmensa mayoría de los casos, entre los trabajadores de tierra. "Así es la mar", se dice habitualmente. O "la mar siempre se cobra lo que da". Y no es así.

El primero en concienciarse ha de ser el marinero. Y con él, su familia. Porque, definitivamente, de poco o nada sirven los cursos y actividades encaminadas a hacer más seguro el trabajo en el mar, si aquel que tiene que asumir que su vida tiene un valor más allá de la pesca olvida cuál es su papel a bordo y, en tierra, en el seno de su familia.

Que la pesca es una de las actividades profesionales más peligrosas no es nada nuevo. Para nadie. Menos, todavía, para aquel que conoce el riesgo y, en demasiadas ocasiones, no hace nada para evitarlo.

Desde hace aproximadamente una década se desarrollan en Galicia -al igual que en las demás comunidades marítimo-pesqueras españolas- programas tendentes a penalizar infracciones y a formar a los trabajadores en materia de seguridad y prevención de riesgos laborales. Los controles que efectúan en los barcos los inspectores evidencian que se ha mejorado algo y esto hace pensar que la idea de la seguridad empieza a calar entre los profesionales; pero no lo suficiente como para evitar accidentes como los registrados hace un año en las costas de Galicia y Asturias. Son accidentes que han dejado constancia de que algunos de ellos, por no decir todos, se podrían haber evitado con algo tan simple -y a la vez difícil- como es la prevención.

El mar no es un amigo, aunque sea de "los nuestros". Tampoco tiene sentimientos, si bien en determinadas circunstancias lo parece. Y los conocimientos al respecto no sirven si aquellos que los poseen, se olvidan de aplicarlos. Solo así se puede concluir que los accidentes en el mar pueden evitarse: al trabajo hay que darle aquello que se ha aprendido. Y la pesca es un trabajo.

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