Abandono de buque

26.11.2015 | 01:04
Abandono de buque

Las cofradías de pescadores, en tanto que entidades sin ánimo de lucro y colaboradoras directas de la Administración marítimo-pesquera, nacieron como sistema de defensa de los intereses de los pescadores -armadores y tripulantes- frente a aquellos que trataban de obviar lo más importante para los protagonistas de una encantadora película en la que el mar fue siempre el malo.

Malo, porque se llevaba -y lleva- vidas humanas. Pero otros "malos" aparecen en los últimos tiempos de forma evidente en la película. Y sino, tomen nota del pensamiento de una patrona mayor : "Significado de armador: persona que reparte sus ganancias en porcentajes, impuestos y multas. Y el que no está endeudado es un crack".

Tal cual.

Esa patrona mayor -bendito el momento en que las mujeres pudieron acceder al cargo, en muchos lugares de España vetado- piensa en voz alta para decir: "Hay miles de personas comiendo del margen (de lo que el mar da al sector): la merluza es vendida por un barco a 2 euros y llega al consumidor a 10; pagamos asociaciones, pero seguimos sin estar asociados; usamos múltiples siglas y ya nos falta abecedario. Todos aportan leyes, se reúnen; pero los pescadores y armadores nos morimos de hambre".

Y, pese a todo esto, aguantan.

En el puerto coruñés de Oza, sin ir más lejos, entran y salen diariamente barcos de todo tipo y modalidad. Cada uno con su problema. Y los más acuciantes, la falta de objetivo, la carencia de cuotas, el miedo a multas, el no saber dónde pescar.

En la mar no hay un objetivo único. Cada uno tiene el suyo; pero sí hay algo que les une: la mayoría de los barcos reniegan de los TAC y cuotas, reclaman un reparto lineal de las posibilidades de pesca y rechazan los históricos. Y de no ser así, que se implante la pesca olímpica y el sector pesquero gallego, español, se lo queden las multinacionales que amenazan los distintos caladeros.

Protagonistas de la vida pesquera comunitaria hablan de ello. Pero pisan moqueta y sientan sus culos lejos de los barcos.

Nadie quiere pisar los callos de los que optan por los derechos históricos frente al reparto lineal de cuotas y que ponen ojos de plato frente a la pesca olímpica.

Y aguantan. Aguantan, a pesar de todo. Lo que uno no sabe es hasta cuándo.

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