El afilador de arpas

06.01.2016 | 00:29
El afilador de arpas

Silencio. Ha comenzado un nuevo año y en la mar reina el más absoluto silencio en torno a los problemas que pueden derivarse para los casi 4.000 mariscadores (de los 7.000 que había en Galicia hasta hace tan sólo un soplo de tiempo) de los nuevos proyectos para la acuicultura en este país.

Salvador Arijo Andrade, biólogo y profesor de la Universidad de Málaga, publicó en la primavera del año pasado un artículo en el que señalaba que la acuicultura es una actividad "muy alejada de la sostenibilidad". En el mismo trabajo, Arijo Andrade reconocía que el desarrollo tecnológico ha permitido que la explotación del mar haya superado la capacidad de regeneración de los stocks pesqueros y que por ello son necesarias más inversiones en tecnología y un gasto superior que permita mantener el nivel de explotación de unos recursos en continuo receso. Aún así, el citado profesor considera que la acuicultura no ha solucionado el problema de la pesca.

Actualmente, señala, sólo se crían las especies de alto valor económico, siendo inviable la acuicultura en el caso de peces con menor valor de mercado, ya que los costes económicos superan con creces los beneficios. Además, plantea Salvador Arijo, no todas las especies con alto valor de mercado se han conseguido cultivar en cautividad.

A todo ello hay que sumar el problema de la alimentación de los peces con piensos compuestos por harina de pescado y en cuyos ingredientes existe un alto porcentaje de biomasa animal. Es decir, hay que pescar por tanto grandes cantidades de peces (arenques, boquerones y otras especies de bajo valor comercial) que se convierten en la base sostenible de las especies de acuicultura (dorada, salmón, atún, etc.) y que tienen un alto contenido en ácidos grasos poliinsaturados (como los omega 3).

Silencio.

Un tercio de la pesca mundial se dedica a la fabricación de harina para elaborar piensos para peces, ganado o, lo que es más grave según el profesor Arijo, para utilizarlos como abono.

Es decir: hay peces que el hombre puede pescar para su sustento; pero aquellos que rigen los destinos de la pesca, han optado claramente por la acuicultura y destinan a este sector importantes cantidades de dinero que, sin embargo, se niegan para sufragar, por ejemplo, paradas temporales de pesca que permitirían regenerar los stocks y caladeros y que aquellos que viven de estos pudieran mantener su nivel de vida sin incidir en las pesquerías más perjudicadas.

El arpa es un instrumento que figura entre los que integran una orquesta sinfónica. Estas disponen de, como mínimo, una persona que se encarga de tañerla; pero no todas las composiciones musicales prevén el uso del arpa. Este instrumento precisa de un afinador, evidentemente. Sin embargo, si nos preguntamos por la rentabilidad del arpa como instrumento integrante de esa gran orquesta sinfónica, habrá quien dude de la misma, con la excepción de su participación en la interpretación de muy contadas obras.

En la acuicultura hay muchas arpas para tan poco resultado. Y hay innumerables afinadores que se sirven de esa existencia. Son los que callan y con su silencio otorgan. Un silencio que beneficia a las empresas de la acuicultura, mayoritariamente extranjeras, que han encontrado en España y, particularmente, en Galicia, su tierra (rías) prometida.

El sector pesquero, sin embargo, parece mirar para otro lado y lo hace a pesar de que su futuro depende en gran medida del grado de implantación de la acuicultura.

No es menos dudoso el futuro de los mariscadores, bateeiros, etc., a los que las nuevas leyes de acuicultura amenazan claramente. Y los mariscadores son, a día de hoy, básicos en la estructura de las cofradías de pescadores, entidades que también guardan silencio a pesar de la que se les viene encima si las grandes empresas acuícolas se hacen con las concesiones que los organismos de las comunidades autónomas y el Ministerio de Agricultura parecen dispuestos a ceder a cambio de la desaparición de barcos y explotaciones en las que la mujer encuentra empleo.

El afilador de arpas marinas comienza a apretar las clavijas del sector.

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