¡Viva la muerte!

25.04.2016 | 00:34
¡Viva la muerte!

Dicen que es la máxima expresión del deseo de vivir. Incluso se apunta que, clamando a la muerte, el legionario no hace otra cosa que tratar de evitarla, pero con todos los honores que cabe esperar de un soldado.

En la mar, sin embargo, el grito -ya aullido- de aquellos que solo ven en ella un gran negocio ha logrado sembrar la inquietud cuando no el temor a que, con la minería submarina que se plantea para este tiempo, la muerte camine a pasos agigantados en unos fondos que se pretenden prohibir (y de qué manera) al arrastre porque este, dicen, actúa como un arado y deja en ellos su huella. Nunca, tanto, sin embargo, como la minería que se pretende implantar en unos mares de los que, poco a poco, TAC a TAC y cuota a cuota se aleja a la flota pesquera.

Si la intranquilidad por las exploraciones petrolíferas era y es mucha, la UE debe saber de sobra lo que la intervención de firmas mineras puede deparar al futuro inmediato del sector.

Esto se acaba: así que ¡viva la muerte!

Lo curioso es que, al menos hasta el momento, no ha surgido ni una sola voz de los que se dicen vigilantes de los mares: las organizaciones ecologistas. O estas son exclusivamente enemigas del petróleo (como combustible fósil que es) o es que aún no han sintonizado la onda minera. Y sorprende asimismo el silencio de la FAO. No digamos ya el de los 28 países que integran esa cada vez menos válida UE, que solo parece estar unida para hacer que la desunión de la ciudadanía se haga patente cada vez que de Bruselas sale una idea.

¿Acaso es con la minería como Europa va a defender la mejora de la gestión de la pesca?

Pues si va a ser así, otro ¡viva la muerte! Sigamos engordando a las gaviotas y demás carroñeros y dejemos los fondos marinos para los buscadores de minerales ya que con estos los europeos vivirán mejor.

"Mí no entender", decía el jefe indio en las películas del Far West americano: los barcos que hoy practican la pesca se dedicarán en poco tiempo a izar gavetas de mineral que engrosarán las cuentas bancarias de empresas que no forman parte de las sociedades del salitre pero que lo aprovecharán para recordar que hubo un tiempo en el que de la mar salían peces y marisco.

¿Pesimista? No. Pero que viva la muerte.

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