Sueños, nada más

05.07.2016 | 00:42
Sueños, nada más

Arrabalero, traído y llevado por los sentimientos, duro, mentiroso, generador de lágrimas y sentimientos encontrados. Tan juntos y tan distantes. Uno por aquí, otro por allá para, al final, confluir y entrecruzar las piernas en un juego que, en sus principios, fue escandaloso y ahora es puro malabar.

El subrayado de la ministra Tejerina al "valor" de la Asociación Nacional de Mujeres de la Pesca (Anmupesca) es tardío, huero, sin más compromiso aparente que el quedar bien con un colectivo que se ha llevado bofetadas virtuales desde que la mujer reivindicó su papel en el mundo de la pesca en España. Isabel García Tejerina se reunió recientemente con las representantes de una asociación que, según dijo, nació para "dar visibilidad a las trabajadoras de este sector y que su voz sea decisiva en todos los ámbitos de la actividad pesquera".

¿De cuándo acá, señora ministra? ¿Sabe usted que hasta no hace muchos años, en Valencia, en Galicia, se vetaba a la mujer su acceso a las cofradías de pescadores? Esa "visibilidad" se la han ganado a pulso, sin necesidad de tanto jolgorio ministerial. Porque el organizarse en asociación no creo sea una idea nacida conscientemente en el seno de un Ministerio, ni que este haya auspiciado la existencia de Anmupesca para agrupar a las mujeres que, por su trabajo, se vinculan a la pesca como rederas, mariscadoras, pescadoras, acuicultoras, productoras del sector conservero o armadoras.

Mire usted, señora ministra: las rederas llevan años reclamando la atención de su Ministerio y la del de Empleo a través del Instituto Social de la Marina (ISM) para hacerse "visibles" en algo más que en el pago de sus cuotas, por ejemplo para que se tengan en cuenta sus enfermedades profesionales; las mariscadoras luchan desde hace años por una continuidad en su duro trabajo que no les reconocen por muchos pérmex que paguen (se quedan si trabajo por las mareas rojas, por los vertidos incontrolados a los placeres en los que siembran y cuidan sus almejas, berberechos, etc.) y, de paso, por lo mismo que las rederas; las trabajadoras del sector conservero ven con mucho miedo la política de fusiones, de compraventa de fábricas por capital asiático, con ellas de por medio... Y dónde ha estado hasta ahora ese Ministerio que tanto se alegra de que esta asociación "eche a andar y cumpla todos sus objetivos"?

Y les dice usted, en su reunión con ellas en Madrid, que el sector de la pesca "ha sido prioritario para este Gobierno", que en los últimos cuatro años "se han logrado avances significativos en todos los ámbitos..." Podía haberles preguntado de cuánto han tenido que hacer ellas mismas para salir a flote, asomar la cabeza entre las olas del paro y la escasa rentabilidad de la pesca casi siempre practicada por sus padres, sus hermanos, sus esposos o sus hijos y nunca, o casi nunca, por ellas mismas, a pesar de haberlo reclamado y de los intentos -en Galicia- del exconselleiro de Pesca, López Veiga, por incorporar a la mujer a la faena.

¿Y habla usted de igualdad de género en la política pesquera auspiciada por la modificación de la Ley de Pesca? ¿Y la norma UNE de Aenor como paso previo al reconocimiento profesional de las rederas?

Señora ministra: Uno ha visto a muchas mujeres tener que reclamar a viva voz sus derechos como trabajadoras por cuenta ajena en condición de fijas discontinuas, al igual que las de las conservas, y tener que comerse las lágrimas propias de la impotencia por la respuesta poco grata e inadmisible de quien ejercía como patrón o empresario y mientras un hombre esperaba la vacante que tenía adjudicada.

Que ponga en valor su trabajo, el de las rederas, mariscadoras, armadoras, etc., es lo menos que podía haber hecho: La mujer ha estado siempre vinculada a la tarea de los hombres que pescaban o mariscaban a flote, ellas doblando el riñón en el marisqueo a pie y en las tareas de la casa. Siempre fueron visibles, aunque no se valorase su trabajo.

Ojalá Anmupesca les permita ser oídas en calidad de mujeres de la pesca, que son. Colectiva e individualmente. Algo que ha ocurrido en muy contadas ocasiones en estos últimos cuatro años de fotos y sonrisas (que también son de agradecer).

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