Marineros de papel

12.08.2016 | 00:55
Marineros de papel

Los barcos de papel navegaban tan solo un par de minutos y casi siempre eran botados por los hijos de gente no marinera en los ríos, riachuelos y aguas estancadas.

Se encharcaban, se descomponían y, finalmente, o se hundían o desplegaban sus "chapas" de papel dejando en el agua una especie de capa que todo lo ensuciaba.

Mientras, los niños hijos de marineros utilizaban pluma (concha interna de la choupa o la jibia, a veces la del calamar) para construir su embarcación de aire futurista y, en muchos casos, clavando en el gadio o jibión -que también así se denomina a la pluma del calamar- una pluma de gaviota que el "barco" aprovechaba para cruzar de una banda a otra la ría de Arousa sin percance.

Pero, lo que son las cosas: El mundo marítimo-pesquero está dominado actualmente por marineros de papel, algunos de ellos aficionados a la papiroflexia, culos inquietos que tan solo pacen a su aire cuando tienen que decidir sobre cómo ampliar el control de aquello que se puede pescar sin que cause perjuicio a los marineros de agua dulce que empezaron con la trucha arcoiris y ahora se atreven con el rodaballo y el salmón.

Sea como fuere, marineros de papel que decretan, normativizan sistemas de reparto de cuotas, fijan horarios de oficina para pescar o extraer marisco y así evitar sobreexplotaciones -que después se traducen en suculentas mariscadas en restaurantes de tres y cuatro tenedores-, mientras que los profesionales del sector echan de menos decisiones que, efectivamente, tengan que ver con una pesca tan sostenible que permita hacer planes de futuro para los nietos y que estos vuelvan a jugar a hacer barquitos con pluma.

Juan Gabriel, amigo, con más escamas en las manos y en el alma que todas las que pueden acumular las merluzas que caben en una caja, se ha dado cuenta de que los males que afectan a los marineros de hoy nacen todos en despachos en cuyas sillas o sillones sientan culos de papel, como de papel son los marineros que se han colado por la popa "para dirigir el cotarro".

Son marineros de papel que no tienen callos en las manos, que no tienen agrietados los dedos por las líneas o las redes y que carecen de salitre en la pituitaria del sentimiento que sí tiene aquel que pesca para vivir y no para medrar en un Ministerio, como hacen los que dictan órdenes, normas, decretos que regulen hasta las ideas.

Y como son marineros de papel, tienen miedo a que les pase lo que a los barcos de aquellos niños papirofléxicos que fueron y que, al depositar en el agua sus endebles buques estos no puedan competir con los construidos con la pluma de las choupas.

Así va la historia: mandan los marineros de papel de culos adaptados al sillón y que algún día han querido hacer barcos con plumas de choupas sin caer en la cuenta de que los calamares que comen ya ni las usan porque su concha interna no es sino un suspiro del pasado.

Como la pesca de hoy en día.

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