Pesca artesanal: Marginación

21.08.2016 | 01:19
Pesca artesanal: Marginación

Tal vez el titular de esta crónica sea radical porque traspasa los límites de lo políticamente correcto. Sin embargo, en gran medida es una realidad.

La pesca artesanal representa más del 90% de las capturas mundiales en el mar. Los trabajadores y trabajadoras del sector pesquero suministran un 50% de las capturas mundiales de peces. Aún así, y a pesar de la importancia que para el mundo tiene la pesca artesanal, muchas comunidades de pescadores artesanales continúan siendo marginadas. Solo así se puede explicar que en la UE sigan sin entender el papel que desempeña en Galicia esta flota.

Aún así, y desde hace dos meses, está vigente una serie de directrices de amplio alcance que, según el Comité de Pesca de la FAO, impulsarán el papel ya vital de los pescadores artesanales en la contribución a la seguridad alimentaria mundial, la nutrición y la erradicación de la pobreza. Estas directrices se han diseñado para "apoyar" a millones de pescadores artesanales del mundo, en particular en los países en desarrollo, promoviendo sus derechos humanos y salvaguardando un uso sostenible de los recursos pesqueros de los que dependen para su subsistencia.

La cuestión radica en eso: Subsistir. Y no exclusivamente los pescadores de países del tercer mundo. Los gallegos, oficialmente, no lo son. Sin embargo, la realidad es muy otra porque los pescadores artesanales no siempre cubren lo necesario para poder decir que subsisten, salvo que se añada la coletilla "a duras penas".

Sus problemas nacen en las directrices de la UE, las cortapisas emanadas del Gobierno central y el aborregamiento de una administración autonómica que no parece poseer más ínfulas propias para seguir adelante en sus planteamientos que aquellas que pacta con el Gobierno de Madrid.

No hay empuje, existe demasiada dependencia. ¿Supeditación, tal vez, a los dictados del gobierno amigo?

Los pescadores a pequeña escala tienen dificultades para hacer oír su voz. Y en el caso de Galicia, la división que vive el sector reduce a la mínima expresión tales posibilidades. Por ejemplo, en la lucha contra la contaminación marina. Ellos, los artesanales, son los primeros en pagar las consecuencias de la existencia de un mar, unos mares, plagados de porquería. La degradación ambiental les afecta sobremanera, pero los que toman decisiones sobre la carencia de infraestructuras para combatirla no salen a pescar cuando el tiempo se lo permite. Los que toman decisiones solo ven el pescado en el plato.

Les afecta también el cambio climático. Y los daños no son menores cuando se habla de los desastres que amenazan constantemente el medio marino.

Las directrices aprobadas por la FAO son importantes y pueden ser armas a esgrimir en un momento determinado. Pero la realidad en la mar es muy otra y es el poder que se conquista en base a luchas que casi siempre se libran en tierra y, más concretamente, en despachos.

La coherencia en la política pesquera es especialmente necesaria para mantener con dignidad de este segmento de la flota. Esa pesca que sostiene economías locales en las comunidades costeras y gracias a las cuales, caso de Galicia, subsisten muchas familias.

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